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martes, 5 de febrero de 2019

SAN BENITO DE NURSIA. MONAQUISMO Y PROTOFEUDALISMO



Benito nació hacia 480 en Nursia, Umbría meridional. Era hijo de una familia de labradores acomodados. Estudió en Roma, y eligió desde muy joven la vida contemplativa y eremítica, un movimiento importado de Oriente, Egipto, Siria y Palestina, donde tiempo atrás habían proliferado los eremitas y los anacoretas. Retirado al campo, a una gruta en las cercanías de Subiaco, realizó algunos milagros notables que recoge la tradición piadosa. Allí resistió toda clase de tentaciones. Se cuenta que tras soñar con una muchacha a la que había conocido en Nursia, para combatir la tentación carnal se arrojó desnudo sobre unas matas de ortigas que inmediatamente se convirtieron en rosas.

La fama de este y otros parecidos prodigios hizo que muchos hombres piadosos llegaran hasta él, deseosos de imitar su ejemplo. Fundó Benito hasta doce monasterios en Subiaco. La dureza de la regla que instauró, no contentó a algunos monjes que incluso intentaron asesinarle, lo que le decidió a abandonar aquellos parajes. En Montecassino, sobre las ruinas de un viejo templo pagano, hizo edificar el que sería el más emblemático monasterio benedictino de Italia. El edificio se levantó venciendo hasta la oposición del mismo demonio, y Benito se instaló en él con sus monjes. Falleció en 543 a consecuencia de unas fiebres. Fue enterrado junto a su hermana Escolástica, a la que siempre estuvo muy unido. Su regla, contenida en setenta y tres capítulos, podría resumirse en la máxima ora et labora, reza y trabaja, que muy pronto se extendió por media Europa y se hizo mundialmente célebre. En la regla benedictina no hay lujos, se pasa frío y hambre, se trabaja incansablemente y se obedece, sobre todo se obedece. A quienes desobedecen está destinado el látigo y otros castigos.


Dejando aparte lo anecdótico, cabe preguntarse por qué un régimen semejante, y una existencia tan austera tuvo entre los cristianos europeos de su época y los decenios posteriores, el atractivo y el tirón que demostró. Más allá de las razones espirituales, nos detendremos un instante en un breve análisis socio-histórico.
Los oscuros años de dominación gótica desde el final del Imperio Romano, habían convertido a Italia y otros territorios de Alemania, Francia y la Gran Bretaña, allí precisamente donde iban a arraigar con mayor fuerza las fundaciones benedictinas, en un auténtico desierto de barbarie. Las sombras de los siglos oscuros se habían extendido, borrando las últimas huellas de una civilización en descomposición. En semejante escenario, el monaquismo inaugurado por San Benito desempeñó un papel decisivo en la vida económica y social de aquella Alta Edad Media. La tierra estaba sumida en el caos. Los ejércitos bárbaros habían arrasado pueblos y ciudades. Los campos quedaron despoblados y los poderes centrales, príncipes y reyes, no estaban en condiciones de hacer valer su autoridad en los diferentes territorios. Ciertos señores periféricos, precursores groseros del feudalismo, se habían transformado en instrumentos de opresión. Para escapar de las violencias y vejaciones, la población se agrupó alrededor de los monasterios, ofreciéndoles su trabajo como siervos a cambio de la protección que les brindaban sus muros.


De esta manera el monaquismo se anticipó algunos siglos al feudalismo. Los grandes conventos se transformaron en ciudades fortificadas, autárquicas, cerradas y aisladas del resto del mundo. En la práctica no había diferencia entre un abad de Montecassino y un duque longobardo. Ambos son señores absolutos, administran justicia, imponen tributos y acuñan moneda. Los monasterios ejercen el poder religioso, el civil y el militar. Sus primitivos colonos se transforman en siervos de la gleba. En sus primeros tiempos sencillamente afrontaron una emergencia. Pero abusaron de sus prerrogativas y acabaron por traicionar el espíritu evangélico que inspiró las fundaciones de San Benito. Con todo, prestaron a la Historia el mejor servicio, asegurando la salvación de la herencia cultural del mundo romano. Las bibliotecas de los grandes conventos benedictinos conservaron y nos legaron los discursos de Cicerón, las odas de Horacio, las crónicas de Tácito, y otras muchas imprescindibles riquezas culturales que de otra manera se habrían perdido irremisiblemente.

-¿Ese novio tuyo, ya te ha hablado de matrimonio?
-Pues sí, ayer me confesó que tiene mujer y dos hijos.



viernes, 1 de febrero de 2019

CERVANTES. PRISIONES, GLORIA Y MISERIAS


Miguel de Cervantes Saavedra, hijo del cirujano Rodrigo de Cervantes y de Leonor Cortinas, figura como bautizado el 9 de octubre de 1547 en la parroquia de Santa María de Alcalá de Henares. Algunos biógrafos le suponen nacido el 29 de septiembre, festividad de San Miguel, y parece verosímil porque ya entonces estaba arraigada la costumbre de imponer a los recién nacidos el santo del día. Tuvo Miguel otros dos hermanos y tres hermanas. Durante su infancia y adolescencia la familia cambió a menudo de residencia, viviendo sucesivamente en Valladolid, Córdoba, Sevilla y Madrid. Nada indica que Miguel cursara estudios que ahora llamaríamos universitarios. Por alguna referencia suya (en El coloquio de los perros) es posible que estudiara con los jesuitas en algún momento, y el catedrático de gramática Juan López de Hoyos, en un libro sobre las exequias de la reina Isabel de Valois, se refiere a Miguel de Cervantes como discípulo suyo.

En 1569 encontramos un episodio oscuro, un mandamiento judicial de 15 de septiembre de aquel año según el cual <<se ha procedido y procedió en rebeldía contra un Miguel de Cervantes, ausente, sobre razón de haber dado ciertas heridas en esta corte a Antonio de Sigura, andante en esta corte, sobre lo cual el dicho Miguel de Cervantes por los dichos nuestros alcaldes fue condenado a que, con vergüenza pública, le fuese cortada la mano derecha, y en destierro de nuestros reinos por tiempo de diez años, y en otras penas contenidas en la dicha sentencia>>. Aunque algunos sostienen que el mandamiento se refiere a otra persona, resulta significativo que Miguel se trasladara a Roma ese mismo año, y que desde allí solicitara que en Madrid se le hiciera lo que entonces se llamaba una información de limpieza de sangre, que en efecto se practicó. Tanto el viaje precipitado como el empeño en acreditar su hidalguía (algo muy útil para atenuar el rigor de las sentencias) hablan a favor de la autenticidad del lance.
En Roma recabó la protección de su pariente monseñor Gaspar de Cervantes, y del también cardenal monseñor Giulio Acquaviva, al que durante un breve espacio sirvió como camarero, una especie de secretario. En ese tiempo ingresó en la milicia, y el 7 de octubre de 1571 le encontramos luchando en Lepanto, “la más alta y gloriosa ocasión que vieron los siglos pasados ni esperan ver los venideros, militando debajo de las victoriosas banderas del hijo del rayo de la guerra, Carolo quinto, de felice recordación”. Don Juan de Austria mandaba las fuerzas española, veneciana y pontificia. La española era dirigida por el Marqués de Santa Cruz, y Miguel se encontraba en la galera Marquesa, en la compañía de su capitán Diego de Urbina que le puso al frente de un esquife con doce soldados. Se batió muy bravamente en la batalla, a pesar de hallarse enfermo de calentura, según la declaración del alférez Gabriel de Castañeda y de otros testigos de crédito. Salió herido en el pecho de un arcabuzazo, y de una mano, de que salió estropeado, herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa…


Se curó en Mesina de las heridas, aunque la mano izquierda le quedó anquilosada para siempre. En 1572 se incorporó a la compañía de don Manuel Ponce de León, en el tercio de don Lope de Figueroa (el mismo que inmortalizó Calderón en El alcalde de Zalamea). Participó en las batallas navales de Navarino (Pilos del Peloponeso), la Goleta de Túnez, y otras. Después el tercio se trasladó a diferentes guarniciones en Cerdeña, Lombardía, Nápoles y Sicilia.
Regresaba a España en 1575 a bordo de la galera Sol, llevando cartas de recomendación del duque de Sessa y del mismísimo don Juan de Austria, cuando a la altura de Palamós, fueron abordados por una flotilla turca al mando del famoso corsario Arnauti Mamí, un renegado albanés. Allí fue apresado Miguel junto a Rodrigo, su hermano menor, y con los demás cautivos españoles, fue trasladado a Argelia.

En Argel fue entregado como esclavo a Dali Mamí, un moro griego subalterno de Arnauti. De los cinco penosos años en que permaneció cautivo, se conocen muchos detalles, algunos por completo fehacientes, como los que encontramos en el libro de fray Diego de Haedo Topografía e historia general de Argel (1612), y los que aportaron las informaciones de otros testigos. Otros resultan acaso más novelescos, los que relata el mismo Cervantes insertados en diversos pasajes de la Galatea, el Persiles o el Quijote, y en sus comedias Los baños de Argel y Los tratos de Argel.
Haciendo un sinfín de sacrificios, los padres consiguieron juntar dineros para pagar el rescate de sus hijos, pero resultó insuficiente para rescatar a ambos, y Miguel prefirió que se rescatara a su hermano Rodrigo. Miguel realizó hasta cuatro intentos de fuga, frustrados todos por uno u otro motivo. En todos ellos se comportó heroicamente, presentándose él solo como cabecilla de las fugas ante Hasán Bajá, su dueño en aquel tiempo, un moro veneciano que, aunque le condenó a severos castigos, acabó perdonándole gracias a los ruegos que le hicieron tanto cristianos como mahometanos, lo que nos da una idea de la calidad de la persona de Cervantes.
Finalmente quedó libre en 1580 gracias a la intervención de los padres trinitarios fray Juan Gil y fray Antonio de la Bella, que en el último momento, cuando Hasán Bajá estaba ya a punto de trasladar a Miguel a Constantinopla, consiguieron reunir suficientes dineros que añadir a los que otra vez habían mandado sus padres. Tenía treinta y tres años.

Encontró en Madrid a sus padres ya viejos, y a sus hermanas Andrea y Magdalena. Su hermano Rodrigo continuaba en la milicia, trasladado a Portugal, y otra hermana había profesado como monja en un convento. La familia estaba empobrecida por los esfuerzos para obtener el dinero de los rescates, así que Miguel se sintió obligado a conseguir algún dinero. En 1581, marchó a la corte de Felipe II, que entonces estaba en Portugal, y allí el rey le encomendó una comisión en Orán que cumplió con brevedad y eficacia. Trató después de obtener un empleo en América, que por uno u otro motivo se le negó sistemáticamente. <<Busque por acá en qué se le haga merced>>, fue la última y lacónica respuesta que recibió. Entre 1582 y 85 se conoce poco de su vida. Sabemos que en ese tiempo escribió y publicó su Galatea, la que consideró siempre su mejor obra. También por entonces tuvo una hija natural (Isabel de Saavedra) con Ana Villafranca de Rojas, casada con un tal Alonso Rodríguez. Contrajo matrimonio en 1584 con Catalina Salazar y Palacios, de diecinueve años, natural de Esquivias, donde se celebró el matrimonio.


En 1587 le encontramos en Sevilla ejerciendo de comisario de abastos bajo las órdenes de Antonio de Guevara, proveedor de las galeras reales. Recorrió gran parte de Andalucía con la misión de requisar cereales y aceite. Semejante oficio no le granjeó precisamente amigos. Se ganó varias excomuniones al embargar unas partidas de trigo de propiedad eclesiástica, y en septiembre de 1592, acusado de vender trescientas fanegas de cereal sin autorización, fue encarcelado por un corregidor de Écija en la prisión de Castro del Río. Fue declarado inocente y puesto en libertad. Pero en 1597 quebró el banco sevillano en el que Cervantes había depositado dos millones y medio de maravedíes fruto del cobro de tercias y alcábalas en el reino de Granada. Como consecuencia, fue encarcelado y en este cautiverio parece que comenzó a gestarse el Quijote. Algunos biógrafos reseñan aun otro encarcelamiento en 1602 o 1603, aunque no parece probado.

A partir de esa fecha se instaló en Valladolid con todas sus mujeres, a saber, su esposa Catalina, sus hermanas Andrea y Magdalena, su hija Isabel de Saavedra, y la pequeña Constanza, hija natural de Andrea. Sus padres habían fallecido ya. También había muerto su hermano Rodrigo como consecuencia del arcabuzazo que recibió en la batalla de las Dunas (1600). Ana Villafranca, la amante de Cervantes, también había fallecido. El ambiente en que se terminó y se publicó la primera parte del Quijote era deprimente y afrentoso como muy bien señala el profesor Martín de Riquer. Sus dos hermanas, que entonces tendrían Andrea unos sesenta años, y Magdalena cerca de cincuenta, estaban pregonadas de rameras, y se habían visto envueltas en diferentes pleitos y pendencias de honra mancillada, que se resolvieron mediante indemnizaciones de sus galanes. Su sobrina Constanza, que tendría unos treinta años, había recibido 1.400 ducados de don Pedro de Lanuza, hermano del famoso Justicia de Aragón, en reparación de la palabra de matrimonio no cumplida. Más tarde, en 1614, ya no tan joven, recibió mil reales más de un tal Gregorio de Ibarra, residente (o huido) al Perú, por parecidos motivos.

Una noche de junio de 1605, poco después de la publicación de la primera parte del Quijote, ante la puerta de la casa de Cervantes fue mortalmente herido don Gaspar de Ezpeleta, caballero navarro. Recogido por los vecinos, fue atendido durante dos días por Magdalena hasta que falleció. A pesar de que estaba claro que ni los Cervantes ni el resto de los vecinos de la casa tenían la menor relación con el crimen, un juez malicioso se empeñó en abrir un prolijo proceso, en el que se incluyeron algunas manifestaciones de diferentes personas sobre la opinión que se tenía de la familia del escritor. Declararon los testigos que en aquella casa <<entran de noche y de día algunos caballeros… de que en ello hay escándalo y murmuración, y especialmente contra un Simón Méndez, portugués, que es público y notorio que está amancebado con doña Isabel, hija del dicho Miguel de Cervantes… que el dicho Simón Méndez le había dado un faldellín que le había costado más de ducientos ducados>>.

De su mujer, Catalina de Salazar, no se tienen datos infamantes, pero sin duda debían correr habladurías poco o nada piadosas, como parece deducirse del pasaje del Quijote de Avellaneda, que en el estilo grosero que caracteriza a su desconocido autor, afirma: <<los maridos engañados se fortifican en el castillo de San Cervantes>>. A las mujeres de Miguel se las conocía tanto en Valladolid, como después en Madrid, con el apelativo despectivo de las Cervantas.
En 1606 Cervantes se trasladó con su familia a Madrid, donde se estableció definitivamente en la calle del León. En 1608 su hija Isabel se casó con don Diego Sanz del Águila, tuvo con él una hija, llamada también Isabel, enviudó pronto y volvió a casarse con Luis de Molina. Su hermana Andrea falleció en 1609, y Magdalena en 1611. Miguel quedó solo con su mujer y su sobrina Constanza.


Paradójicamente aquellos años de infamia y deshonra en que el escritor sufrió amargamente en lo personal y familiar, coincidieron con sus últimos años de vida y de gloria literaria. En 1613 aparecieron las Novelas ejemplares, en 1614 el Viaje del Parnaso, en 1615 la segunda parte del Quijote y las Comedias y entremeses, y en 1617, ya póstumamente, los Trabajos de Persiles y Sigismunda.
Murió nuestro autor más universal el 22 de abril de 1616, en su casa de la madrileña calle del León esquina a la de Francos, atendido por Catalina y Constanza, su mujer y su sobrina, que le quisieron bien, y a las que quiso tanto como a su hija Isabel y a sus hermanas Andrea y Magdalena, a las que debía su libertad, porque se sacrificaron en su juventud reuniendo dineros para su rescate. Fue enterrado sin ningún lujo en el convento de las Trinitarias Descalzas de la calle de Cantarranas. Ese mismo día moría en Stratford William Shakespeare.
Unos pocos días antes, el 19 de abril, después de recibir la extremaunción, terminó el prólogo de su Persiles con estas palabras: <<¡A Dios, gracias; a Dios, donaires; a Dios, regocijados amigos; que yo me voy muriendo, y deseando veros presto en la otra vida!>>.

Bigotini os pide humildemente perdón por haberse alargado tanto en esta nota biográfica. Sirva como atenuante la inmensa importancia del personaje, autor de la que es sin duda la mejor, mayor y más excelsa obra literaria en lengua castellana. Sirva también como compensación el enlace que os ofrecemos (clic en la portada) a la magnífica versión digital tomada de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, de su novela Rinconete y Cortadillo, una de las mejores y más célebres de las Novelas ejemplares. Entrad amigos, en el patio del seor Monipodio, pasad adelante, bailad si os place una seguirilla con maese Rincón, con su compadre Cortado el Bueno, y con sus alegres amigas la Escalanta, la Gananciosa y la Cariharta. Participad de buena gana en tan honrada asamblea y disfrutad con la lectura de la obra del gran Miguel de Cervantes.


Aprende como si fueras a vivir para siempre. Vive como si fueras a morir mañana.



domingo, 27 de enero de 2019

ESPERMATOZOIDES GIGANTES Y OTROS FENÓMENOS DE CIRCO



Hace unos días os hablé de la gran desproporción que suele existir entre el número de espermatozoides y el de óvulos. Recordaréis que apuntamos la relación entre la abundancia espermática y la tendencia de ciertas hembras, digamos, al devaneo… Pues bien, no sólo la cantidad, sino también el tamaño de las células germinales, se asocia a menudo a la promiscuidad. A veces sucede porque los espermatozoides de mayor tamaño tienen mayor probabilidad de fecundar los huevos, al parecer debido a que se desplazan con mayor velocidad que sus contrincantes más pequeños. Así ocurre en el ácaro de los bulbos (una plaga agrícola) y en los gusanos nematodos (una plaga intestinal que desgraciadamente nos es más familiar). Por regla general, en las especies con hembras promiscuas los machos no sólo fabrican más esperma, sino que además producen espermatozoides más grandes.


No obstante, ninguno de estos dos atributos (tamaño y cantidad) puede crecer de forma indefinida. En todos los casos habrá un punto en que fabricar espermatozoides más grandes implicará fabricar menos esperma. Se trata de una cuestión de economía elemental. Llegados a este punto, los machos (o más bien las estrategias evolutivas de cada especie) deberán optar por una cosa o la otra. Entre la galería de gigantescos fenómenos que han apostado fuerte por el tamaño, encontramos animales muy diversos. El campeón (por lo que sabemos hasta la fecha) es el macho de Drosophila bifurca, una mosca del vinagre que mide apenas tres milímetros, cuyos espermatozoides llegan a alcanzar ¡hasta ochenta y ocho milímetros de largo! Naturalmente vienen enrollados en el líquido seminal, y luego se despliegan en el interior del abdomen de las hembras. Al macho de D. bifurca le van pisando los talones los escarabajos de alas plumosas (una especie de ptílidos), los nadadores de espaldas (Notonecta notonecta), los ostrácodos (unos crustáceos diminutos como el que aparece en la ilustración inferior), las garrapatas, el caracol terrestre australiano (Hedleyella falconeri), el sapillo pintojo y muchas otras especies de mosca del vinagre. En concreto los espermatozoides de ostrácodo llevan la competitividad al extremo de pelear entre ellos hasta hacerse pedazos…


Algunos biólogos han propuesto que estos espermatozoides gigantes podrían ser una especie de regalo nutritivo que el macho ofrece a los huevos de la hembra, pero no parece que esto tenga demasiado fundamento, porque la fracción que penetra en el huevo es muy pequeña, se limita a la cabeza donde está el núcleo con su preciada carga genética, mientras que las larguísimas colas se desprenden sin hacer el menor provecho a nadie. Algo más plausible parece la explicación de que los espermatozoides grandes podrían obstruir el tracto reproductor de la hembra, convirtiéndose en una especie de “cinturón de castidad” que impediría el acceso a espermatozoides rivales. Así parece ocurrir en el caso del escarabajo de alas plumosas.

Sea como sea, la existencia de estos colosales espermatozoides debe tener una explicación biológica, porque su fabricación supone unos costes muy elevados. En el caso concreto de nuestro protagonista, Drosophila bifurca, que tiene una vida de unos pocos meses, los espermatozoides no están listos y maduros hasta los diecisiete días de existencia, mientras que en otros parientes del género Drosophila con espermatozoides más pequeños, los machos pueden comenzar a copular a las pocas horas de emerger de la pupa.
En cualquier caso, nuestro avinagrado amigo puede sacar pecho y presumir a su gusto. Mientras que la mayoría de los machos necesitan ejércitos de millones de espermatozoides, él se las arregla muy bien con unos pocos, sí, pero tremendos.


Para rematar este desfile de monstruos, digamos que no todas las excentricidades espermáticas han optado por el gigantismo. También hay especies que se apartan de la forma de renacuajo que tradicionalmente se asocia a los espermatozoides. Por ejemplo, los de los koalas, los grillos y muchos roedores, han adoptado la forma de un gancho, que les sirve literalmente para escalar el tracto reproductor femenino. Los proturos, una especie de insectos primitivos, tienen espermatozoides en forma de disco. Los de los cangrejos recuerdan a las girándulas de los cohetes. Algunos caracoles terrestres fabrican espermatozoides con forma de tirabuzón. Ciertas termitas los tienen con un centenar de colas. Los de la zarigüeya, los milpiés, los escarabajos acuáticos y algunos caracoles marinos, han adoptado la costumbre de nadar en parejas. Los de los nematodos reptan en vez de nadar…
Pero la auténtica bomba son los espermatóforos. Tras una larga sesión de sexo, el pulpo gigante introduce en la hembra una especie de paquete de más de un metro de diámetro, llamado espermatóforo, que hace las veces de pene de un solo uso, capaz de desprenderse, y que contiene cerca de diez mil millones de espermatozoides. Atención a la jugada: cuando el macho ya se ha retirado dejando en el tracto reproductor de la hembra el regalito, el espermatóforo explota (así como suena), soltando su carga de profundidad. El estallido hace que la hembra quede flotando a la deriva medio aturdida durante varios minutos. Al recuperase pensará: ¡diablos, este chico si que sabe hacerla estremecer a una!


Groucho Marx:
-Pero señora, ¿cómo es posible que siendo aun tan joven tenga ya siete hijos?

Margaret Dumont:
-Muy sencillo: amo a mi marido.

Groucho Marx:
-¡Que absurdo! ¡A mí también me gusta mucho mi puro, pero de vez en cuando me lo saco de la boca!




jueves, 24 de enero de 2019

GLAUCOMA, LA CEGUERA SILENCIOSA






El glaucoma es una neuropatía óptica que cursa con una pérdida progresiva de fibras nerviosas de la retina, y cambios morfológicos en el nervio óptico que, dejados a su libre evolución, conducen inexorablemente a la pérdida de visión. En nuestros días constituye una de las principales causas de ceguera en todo el mundo.

El mayor riesgo es la dificultad para su detección precoz, puesto que en sus primeras fases se trata de una enfermedad silenciosa que cursa sin síntomas significativos, y en ocasiones sin producir la menor molestia. Los síntomas visuales, consistentes en defectos del campo visual y pérdida progresiva de visión, hasta convertirse en una auténtica visión en túnel,  aparecen sólo cuando la enfermedad se halla en una fase avanzada, de ahí la gran importancia que en Prevención debe darse a la detección precoz de este proceso.




Principales factores de riesgo de padecer glaucoma


1.- Presión intraocular elevada (por encima de 21 mm Hg). Esta hipertensión intraocular se presenta en la mayoría de los casos de la enfermedad, siendo el único factor evitable y tratable médica o quirúrgicamente.

2.- Existencia de antecedentes familiares. Parientes de primer grado que padezcan o hayan padecido la enfermedad.

3.-Edad . La prevalencia del glaucoma es aproximadamente de 1,5 a 2% entre los mayores de 40 años. Estos porcentajes se multiplican por siete a partir de los 60 años.



El tratamiento farmacológico del glaucoma se centra en la disminución de la presión intraocular, mediante beta-bloqueantes, simpaticomiméticos, colinérgicos y otros compuestos hipopresores. En muchos casos se administran por vía tópica.
La cirugía del glaucoma se ha beneficiado notablemente de las recientes técnicas con láser. Se practican bien trabeculoplastias o bien iridectomías, según el tipo de glaucoma de que se trate.
El empleo terapéutico del cannabis en el tratamiento del glaucoma es mucho más controvertido. Si bien se ha comprobado que la sustancia disminuye eficazmente la presión intraocular, parece que este efecto es pasajero, y que se requeriría un consumo frecuente con el consiguiente riesgo de habituación. Eso y las implicaciones legales del uso del producto, han enfriado un tanto las expectativas que en algún momento se pusieron en el cannabis.


Pero sin lugar a dudas, el aspecto fundamental en la prevención del glaucoma es la detección precoz del proceso. En Salud Laboral algunos servicios médicos venimos ya desde hace tiempo incluyendo el screning de la enfermedad en los protocolos visuales de Vigilancia de la Salud. Tres son las exploraciones que debería incluir la detección precoz del glaucoma.

1ª.- Una sencilla campimetría manual que detecte posibles defectos en la visión periférica.

2ª.- Una exploración de fondo de ojo, buscando signos como la papila excavada, característica de la enfermedad.

3ª.- Una tonometría determinando la presión intraocular. En caso de hallazgos de cifras superiores a 21 mm Hg, se impone la derivación del paciente al médico de AP o especialista, para su seguimiento y control.


¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?.  Groucho Marx.



lunes, 21 de enero de 2019

GEORGE HERRIMAN Y SU KRAZY KAT



George Herriman nació en Nueva Orleans en 1880. Su padre era un criollo de Louisiana de raza negra, y su madre una inmigrante europea, probablemente de origen griego. El pequeño George fue inscrito en el registro como colored (negro), aunque en documentos posteriores se le calificó de mulato. En aquella sociedad racista la familia tuvo problemas, por lo que decidieron trasladarse a Los Ángeles, donde el padre ejerció como peluquero y panadero. Debido a su origen, George hablaba con soltura además del inglés, el francés, el español, el creole, y al parecer, algo de navajo. Con el tiempo iba a emplear una mezcla de todas esas lenguas en sus trabajos artísticos.

El joven dibujante estudió en escuelas católicas y con apenas quince años empezó a colaborar en la prensa local. Sus comienzos coincidieron con los titubeantes inicios del cómic. Fue contemporáneo de pioneros como Swinnerton y Outcault, a quienes se considera padres del género, y hasta fue un tiempo ayudante de Tad Dorgan. Tampoco fue ajeno a la disputa de los dos grandes editores periodísticos (Hearst y Pulitzer) por contratar a los mejores dibujantes. Trabajó para ambos en sucesivas etapas de su carrera. Se trasladó a Nueva York en 1900, y a partir de entonces se granjeó una brillante reputación como autor de tiras cómicas, dibujando para los principales diarios. La lista de series y personajes de Herriman es muy extensa, pues fue un trabajador infatigable. No obstante, la serie que le ha convertido en un autor inmortal e imprescindible en la historia del cómic, es sin duda su célebre Krazy Kat.

Esta gata loca (o quizá gato loco, pues Herriman nunca dejó claro el género del personaje y el título en inglés resulta ambiguo) fue y sigue siendo todo un clásico de la historieta. K.K. está locamente enamorada del ratón Ignatz, Ignacio, un tipo casado y con hijos, un sinvergüenza maltratador, que lanza ladrillos a la gata con una puntería asombrosa. A su vez, el gendarme Bull Pupp, un perro policía, está secretamente enamorado de K.K., e intenta protegerla encarcelando al ratón con la menor excusa. Hay otros personajes muy interesantes, animales antropomórficos que componen un mosaico social bien curioso. Superficialmente no hay más que graciosos animalitos lanzando adoquines y dándose porrazos, el típico slapstick tan en boga en el cine cómico de aquellos años. Pero lo cierto es que detrás de Krazy Kat hay mucho más que eso. Para empezar, el paisaje del condado de Coconino, donde transcurre la historieta, es un espacio surrealista, casi extraterrestre, acorde con el dadaísmo que también por entonces se abría paso en el arte tanto europeo como americano. Por otro lado, en los ingeniosos argumentos encontramos una patente rebeldía contra la autoridad muy afín al movimiento libertario, un escandaloso sadomasoquismo de K.K., y hasta una velada ambigüedad sexual.


En nuestra Historia del cómic nos complacemos hoy en ofreceos un abanico de ilustraciones y páginas del genial George Herriman, con las que estamos seguros de que pasaréis un buen rato. También os ofrecemos el enlace para visionar un viejo corto de animación producido por Columbia en 1936. Aunque Herriman no intervino para nada en la película, estoy seguro de que os hará pasar unos minutos divertidos. Clic en el ladrillazo, y a pasarlo bien.



























viernes, 18 de enero de 2019

JOAN BENNETT Y SU TALENTO CAMALEÓNICO



De las tres hermanas Bennett que comenzaron a actuar en espectáculos teatrales y más tarde en el cine, Joan era la más brillante, bella y talentosa. Su gran capacidad de adaptación la llevó a interpretar todo tipo de papeles a lo largo de su carrera. También físicamente experimentó cambios. Fue sucesivamente rubia y morena. Pasó de interpretar a jovencitas al final de los años veinte, a encarnar a la madre de cuatro hijas ya crecidas en la célebre Mujercitas de George Cukor en 1933.
Probablemente la mejor y más recordada etapa de Joan Bennett como actriz fue la que le unió al genial director Fritz Lang en los años cuarenta. Protagonizó bajo sus órdenes cuatro inolvidables películas entre las que destaca (al menos es mi preferida) La mujer del cuadro de 1944. En ella, y al lado de Edward G. Robinson, encarnó a una de las mujeres más misteriosas y atractivas de la historia del celuloide. Eso no le impidió actuar en los primeros cincuenta en las comedias El padre de la novia, y su continuación, que dirigió Vincente Minnelli y protagonizó nada menos que Spencer Tracy.
En este recorrido de recuerdos e imágenes que venimos haciendo, os proponemos (clic en la foto) un repaso nostálgico al trabajo de la Bennett, a través de un hermoso montaje fotográfico y musical. ¡A gozar!

Próxima entrega: Ralfh Bellamy