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martes, 29 de septiembre de 2026

FRANZ KAFKA CUANDO GREGORIO SAMSA SE DESPERTÓ

 


Franz Kafka nació en 1883 en Praga, en una familia acomodada de comerciantes judíos con muy poco o ningún apego a las tradiciones religiosas. El Reino de Bohemia pertenecía entonces al Imperio austrohúngaro. Su infancia quedó marcada por un padre autoritario y despótico, Hermann Kafka. Su madre, Julie Löwy provenía de una familia germano hablante y tuvo una educación refinada que supo transmitir a su hijo. Franz fue el primogénito. Sus hermanos menores, Georg y Heinrich, fallecieron antes de cumplir los dos años. Franz, que tenía sólo siete cuando murió el más pequeño, se sintió siempre responsable por ello, culpándose de sus celos infantiles. Tuvo después otras tres hermanas, Gabriele, Valerie y Ottilie, que entre 1941 y 1943 murieron víctimas de los nazis en el holocausto. Franz huía de la severidad paterna refugiándose en su madre. Resultado de aquella doble influencia fue que el Franz Kafka adulto, aunque capaz de escribir bien en ambos idiomas, hablaba checo con un pronunciado acento alemán, y hablaba alemán con acento checo, lo que le causó algunos problemas durante la etapa escolar.


Entre los diez y los dieciocho años, estudió en el Instituto de Enseñanza Media Imperial Real, centro regido por una disciplina militar en el que menudeaban los castigos físicos. Sus calificaciones fueron correctas pero no brillantes, y junto a su compañero Oskar Pollak se interesó por las ciencias naturales y por la historia del arte. Atraído por la cultura francesa, aprendió francés por iniciativa propia. Entre sus lecturas favoritas de adolescente se cuentan Flaubert, Dickens, Cervantes y Goethe. Leyó también ávidamente a Nietzsche, Darwin y Haeckel, se acercó ideológicamente al socialismo y se consideró siempre ateo. A los catorce años comenzó a escribir, aunque después destruyó esos textos de los que se sentía avergonzado. Tras el bachillerato, inició estudios de química, de historia del arte y de filología alemana, pero su padre le obligó a abandonarlos y a matricularse en derecho. En la facultad de Leyes, su profesor de sociología, Alfred Weber, el hermano del célebre Max Weber, fue su principal mentor y dirigió su tesis doctoral, que completó en 1906. En la universidad conoció a su amigo Max Brod, de quien se haría inseparable. Brod, junto a los también escritores Winder, Baum y Werfel, y junto al periodista Felix Weltch y al actor Yitzchak Lowy, formaron alrededor de Franz Kafka el grupo que se llamó El estrecho círculo de Praga.


Kafka era muy tímido y hablaba muy poco, pero lo que decía era de tal profundidad que causaba la admiración de cuantos le escuchaban. En esa época comenzó a deteriorarse su salud. Frecuentó los sanatorios desde 1905, cuando se diagnosticó su tuberculosis. Esa fue la enfermedad que finalmente le llevaría a la tumba en 1924 residiendo en la localidad austriaca de Klosterneuburg. Sus restos se trasladaron al cementerio judío de Praga.

La relación de Kafka con las mujeres fue siempre problemática. Su amigo Brod afirmaba que siempre estuvo torturado por el deseo sexual insatisfecho. Mantuvo una relación entre 1913 y 1917 con Felice Bauer, con la que estuvo a punto de casarse en dos ocasiones, frustrándose en ambas la boda. Durante su estancia en el sanatorio de Riva del Garda conoció a una mujer de iniciales G.W. a quien identifica como “la suiza” en sus diarios. En el sanatorio de Schlesen tuvo una relación con la joven Julie Wohryzek, frustrando el compromiso el autoritario padre de Kafka. La penúltima mujer de su vida fue la escritora y periodista checa Milena Jesenská, a la que conoció en 1920, cuando ella tenía veinticuatro años. Ella fue también depositaria de varios escritos inéditos que hoy se consideran perdidos al ser capturada Milena por la Gestapo. Finalmente conoció en 1923, ya gravemente enfermo, a Dora Diamant, una joven periodista judía ortodoxa que reavivó en Kafka el interés por el judaísmo.


Al decir de sus amigos, frecuentó los burdeles con asiduidad y estuvo interesado por la pornografía y el sadomasoquismo que reflejó también en algún escrito. En sus diarios aparecen fantasías homoeróticas hacia Oskar Pollak, su compañero de estudios, y hacia sus amigos Franz Werfel y Robert Klopstock. Algún biógrafo apunta un posible trastorno esquizoide y una alteración límite de la personalidad con tendencia al insomnio y a la anorexia nerviosa, depresión y tendencias suicidas.

Mantuvo Kafka una relación extraña con el judaísmo, que osciló entre su declarado ateísmo y negación de su origen cultural y religioso, y una tardía obsesión por conocer Palestina estando ya muy enfermo, que su amiga Dora Diamant trató de quitarle de la cabeza. En lo político, Kafka se acercó al anarquismo, movimiento en el que según algunos biógrafos, llegó a militar brevemente. Y en cuanto a su sentimiento nacional, es muy difícil aventurar una adscripción nacionalista. Al parecer se consideró culturalmente un alemán de Bohemia, de Praga. Téngase en cuenta que en vida de Kafka Checoeslovaquia o la República Checa ni existían ni nadie las imaginaba todavía. Al comienzo de la Gran Guerra asistió a algunos mítines patrióticos e intentó alistarse aunque sin éxito debido a su mala salud.


Entre 1907 y 1922, año en que se jubiló prematuramente por causa de su enfermedad, trabajó sucesivamente en dos compañías de seguros. Era un trabajo a tiempo parcial que abandonaba a las dos de la tarde para dedicar el resto de la jornada a escribir. Su severo padre le recriminó por ello tildándole de vago e indolente, porque el sueldo apenas alcanzaba para cubrir sus necesidades. En sus escritos Franz se refirió alguna vez a ese trabajo como rutinario y burocrático, pero sus biógrafos han descubierto que Kafka se lo tomó muy en serio. Se dedicaba principalmente a evaluar los riesgos de las empresas para ajustar el coste de sus pólizas de seguros. Parece probado que elaboró informes describiendo los accidentes en fábricas que empleaban tornos, taladros, sierras y diversas máquinas, para las que propuso instalar medidas de seguridad que evitaran las frecuentes muertes y amputaciones de los obreros. Quien esto escribe, dedicado durante más de veinte años a la salud laboral, no puede sino admirar la labor pionera de Franz Kafka en esta materia.

Excepto alguna narración breve que publicó en vida, la mayor parte de la obra de Franz Kafka vio la luz después de su muerte. Debemos agradecerlo a su amigo y albacea Max Brod, que faltó a su promesa de destruir sus escritos. Así que Franz Kafka fue en vida un ser anónimo, un desconocido sin la menor trascendencia, pasando a ser después de su muerte uno de los autores más importantes e influyentes del siglo XX. A pesar de que algunos críticos literarios lo han calificado de modernista o de realista, lo cierto es que la obra de Kafka es fundamentalmente expresionista, iniciando en literatura el camino artístico que seguirían después muchos autores del área germánica. Escribió prácticamente siempre en alemán, y su técnica narrativa se basa en la parábola y el relato simbólico, eso sí, desprovisto de cualquier moraleja o enseñanza, lo que conduce su escritura al absurdo más cercano al surrealismo y al dadaísmo anarquista que a cualquier otra tendencia. La desesperación y el absurdo que reflejan sus obras se han considerado emblemáticos del existencialismo, según han reconocido voces tan autorizadas como las de Jean-Paul Sartre o Albert Camus. Un ejemplo puede ser su microrrelato La partida, en el que escribe:

Ordené que trajeran mi caballo del establo. El sirviente no entendió mis órdenes. Así que fui al establo yo mismo, ensillé mi caballo y lo monté. A distancia escuché el sonido de una trompeta y le pregunté al sirviente qué significaba. Él no sabía nada ni había oído nada. En el portal me detuvo y preguntó:

—¿Adónde va el patrón? —No lo sé —le dije— simplemente fuera de aquí, simplemente fuera de aquí. Fuera de aquí, nada más; es la única manera en que puedo alcanzar mi meta. —¿Así que usted conoce su meta? —preguntó él.

—Sí —repliqué— te lo acabo de decir. Fuera de aquí, esa es mi meta.

A muy pocos autores en la historia está reservado el honor de crear un adjetivo que trascienda la mera autoría. Si a Dante Alighieri se atribuye lo dantesco, a Franz Kafka debemos lo kafkiano. El adjetivo kafkiano/a se emplea para describir situaciones opresivas y fuera de toda razón.

Sus obras más notables y conocidas son La Metamorfosis (1915), En la colonia penitenciaria (1919), Un médico rural (1919), Informe para una academia (1917), El desaparecido (1912), El proceso (1914-1915) y El castillo (1922). Nuestra biblioteca Bigotini os brinda el enlace con la versión digital de La metamorfosis, un asfixiante relato y seguramente uno de los más representativos del personal estilo de su autor:

https://www.dropbox.com/home/Profesor%20Bigotini?preview=La+metamorfosis.pdf

Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto.


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