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martes, 22 de septiembre de 2026

GIGANTISMO EN EL REINO ANIMAL. EL REINADO DE LOS GRANDES

 


Convencionalmente suelen considerarse gigantes aquellos animales que superan la tonelada de peso. Desde que naturalistas y zoólogos comenzaron a estudiar los seres vivos, llama la atención que aún entre animales estrechamente relacionados genéticamente se den diferencias de tamaños a veces tan llamativas. Puede ser el caso de nuestros familiares gatos domésticos y los grandes leones africanos, por ejemplo. Cabe preguntarse si el gigantismo ofrece alguna ventaja a aquellos animales que han evolucionado en ese sentido, y la respuesta es, naturalmente, que sí, porque en su hábitat natural, su tamaño, en estos casos grande, les permite alcanzar la comida en ramas más altas, tener mayor eficacia como cazadores o en caso contrario, defenderse de sus depredadores. Ahora bien, eso de ninguna manera quiere decir que sus parientes más pequeños se encuentren en desventaja. Sencillamente, ocupan nichos ecológicos diferentes donde el pequeño tamaño aporta alguna ventaja.


Es decir, la evolución ha llevado a cada especie por caminos distintos al lugar que actualmente ocupa en la cadena trófica. No existen en la actualidad ni han existido en el pasado, seres defectuosos o imperfectos que se hayan extinguido por serlo. Cada especie animal o vegetal presente o pasada, está o estuvo perfectamente adaptada a su medio natural. Pensemos que hasta las extinguidas sobrevivieron en sus hábitats durante miles de años, y sus extinciones se debieron bien a cambios drásticos en sus medios, o bien a la aparición de nuevas especies que las desplazaron. Los cuernos, los colores vivos, la especialización alimentaria o el tamaño, que durante miles de años (a veces millones) supusieron para esas especies una ventaja, se convirtieron repentina o paulatinamente en un inconveniente serio que lastró su futuro y terminó llevando a la extinción a la especie. En los últimos milenios, durante el periodo holoceno, que muchos especialistas llaman ya el antropoceno, la aparición y el crecimiento de nuestra especie, dio definitivamente la puntilla a muchas otras, sobre todo a los animales más grandes que resultaron un blanco mucho más fácil para las lanzas y las flechas.



Los primeros animales gigantes terrestres de que se tienen registros fósiles fueron los dinosaurios. Esos saurópodos de cabeza pequeña y cuello largo llegaron hace unos 200 millones de años a medir 45 metros de cabeza a cola, y a pesar más de 100 toneladas. Unas dimensiones comparables a las de las mayores ballenas actuales con el hándicap de que en tierra firme es mayor la fuerza de la gravedad. Parece claro que a semejantes colosos no habría ningún depredador que les amenazara, como ocurre actualmente con los elefantes, los rinocerontes o los hipopótamos.

Pero el tamaño tiene sus pros y sus contras. Se calcula que antes de la aparición del hombre, en África debía haber como mucho uno o dos millones de elefantes y rinocerontes, mientras que la población de pequeños roedores debía ser de muchos miles de millones. Claro está que con el tamaño de un elefante hace falta consumir mucha vegetación, y los recursos son y siempre fueron limitados.


Entre los especialistas cada vez está más extendida la hipótesis de que los dinosaurios debieron tener sangre caliente. El gigantismo de alguna forma avala esa hipótesis, porque los dinosaurios, igual que los mamíferos, fueron capaces de desarrollar el gigantismo, mientras que entre los reptiles los grandes tamaños son mucho más raros. La razón podría estribar en el ritmo metabólico, que es mucho mayor en los animales de sangre caliente, los homeotermos. Por ejemplo, los cocodrilos más grandes lo son porque viven muchos años. Un caimán tarda varios decenios en alcanzar los 50 kilos de peso, mientras que un avestruz alcanza ese peso en menos de un año.

Así que concluiremos en que todo tiene sus ventajas y sus inconvenientes, pero que en los platillos de la balanza evolutiva las ventajas resultan algo más pesadas, es decir, más positivas. Por eso todas y cada una de las especies vivientes son como son. El profe Bigotini se pregunta a menudo qué ventaja tendrá su enorme nariz, un misterio biológico aún por resolver.

El dinero es mejor que la pobreza, aunque sólo sea por razones financieras. Woody Allen.


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