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sábado, 5 de septiembre de 2020

RAY VAN BUREN, COLECCIONISTA DE MUCHACHAS EN FLOR



Raeburn Van Buren nació en 1891 en la localidad de Pueblo, Colorado. Era descendiente de Martin Van Buren, octavo presidente de los Estados Unidos. Trasladada su familia a Kansas City, Missouri, comenzó a publicar sus primeros dibujos en el Kansas City Star. A partir de 1913 se instaló en Nueva York, realizando ilustraciones para los semanarios Puck y Life, y para el Saturday Evening Post.
Durante la Primera Guerra Mundial sirvió en la infantería de marina, y poco después comenzó a dibujar para el New York Times, compartiendo página con el ilustrador británico Bruce Bairnsfather. Trabajador incansable, Van Buren se pluriempleó, realizando ilustraciones para prácticamente el resto de los semanarios más prestigiosos de América: New Yorker, Esquire, Collier’s, Redbook y McCall’s. Fue fundador de la Sociedad Nacional de ilustradores.

Su tira cómica más exitosa fue Abbie an’Slats, creada a partir de 1937. La protagonizaba un animoso y jovial viejo verde con un poblado bigote, perseguidor incansable de chicas hermosas, la especialidad de su autor, que con esta serie se consagró como uno de los principales dibujantes de cómic para adultos. Abbie presenta grandes similitudes en planteamiento y argumentos, con la célebre Li’l Abner, obra del genial Al Capp.
Ray Van Buren falleció en 1987, a los 96 años, en Nueva York. Nos dejó su trazo limpio y elegante y sus preciosas muchachas. Bañistas, ciclistas… siempre hermosas. En nuestro particular recorrido por la Historia del Cómic y la Ilustración, recordamos hoy el espléndido trabajo de este genial creador, y os traemos algunas de sus páginas e ilustraciones. Seguro que servirán para apreciar el valor de un gran artista.
























miércoles, 2 de septiembre de 2020

SHELLEY WINTERS, LA SECUNDARIA DE LUJO



Shelley Winters comenzó en el teatro a los diecinueve, y en el cine a los veintitrés. Eran los años cuarenta, cuando el cine negro estaba en su apogeo, y la joven Shelley se hartó de interpretar papeles de reparto, a menudo representando a mujeres algo más mayores porque su físico le hacía parecer de más edad. Después de hacer un sinfín de coristas y prostitutas, llegó su gran oportunidad de la mano de grandes cineastas como George Cukor y Howard Hawks, tanto en dramas como en westerns. Compartió cartel con grandes figuras como Robert Mitchum, James Stewart o John Wayne, y hasta compartió vivienda con una joven y prometedora estrella llamada Marilyn Monroe. Años después Shelley lamentaba que en las entrevistas se interesaran los periodistas más por Marilyn que por ella misma.
En Un lugar en el sol hizo una secundaria efímera pero inolvidable, la novia no muy agraciada de Montgomery Clift, que la asesina deslumbrado por el atractivo de Liz Taylor. También estuvo destinada a morir en la Lolita de Kubrick y en La aventura del Poseidón, su memorable canto del cisne interpretando a una heroína gordita y altruista.
Os invitamos a visionar (clic en la ilustración) una selección de imágenes para recordar a aquella magnífica actriz.


Próxima entrega: Joseph Cotten




sábado, 29 de agosto de 2020

PIRRO Y LA ROMANIZACIÓN DE ITALIA



Los romanos de los primeros siglos de la República desconocían la geografía. Sucesivos pactos y guerras con sus vecinos latinos, sabinos, etruscos, volscos, ecuos…, les condujeron a dominar la costa del Tirreno central, para ellos el primitivo y familiar Mare Nostrum. No es que fueran expansionistas, sencillamente aplicaban la máxima deportiva de que la mejor defensa es un buen ataque, y eso les llevó, casi sin querer, a ocupar los territorios limítrofes, pero seguramente todavía ignoraban la extensión y los límites de la península itálica, y si los más instruidos habían oído hablar del mar Adriático, probablemente entonces conocido como el ponto de los griegos, lo considerarían remoto e inalcanzable.
Sus diferencias vecinales llevaron a los romanos al sur, donde entablaron varias guerras contra los samnitas. En la segunda de aquellas guerras sufrió Roma una vergonzosa derrota en las gargantas de Caudio. Tuvieron que capitular y pasar bajo el yugo de las lanzas samnitas, episodio que originó la expresión horcas caudinas para definir cualquier derrota humillante.

Aquellos hechos tuvieron lugar en 328 a.C. Roma encajó la afrenta, pero no pidió paz. Al contrario, después de reorganizarse, las legiones atravesaron los Apeninos en 316, y tras sucesivos avances se hallaron en 305 en la costa adriática de Apulia. A la vez, la expansión meridional llevó a los romanos hasta las mismas puertas de Nápoles, la próspera y magnífica Neápolis griega, que les fascinó y avivó su codicia. Durante algunos años se sucedieron las escaramuzas, hasta que los grecoitálicos, viéndose en apuros, recabaron la protección de la madre patria. La encontraron en la persona de Pirro, rey del Épiro, la región noroccidental de Grecia. Pirro era un tipo singular. De origen macedonio, presumía de ser pariente del mismo Alejandro, y se creía llamado por los dioses a acometer grandes empresas. Los tarentinos solicitaron su socorro, y sin pensarlo dos veces, se plantó en Tarento con sus navíos y su ejército, al que se sumaron por miles los naturales del país.


Pirro presentó batalla a los romanos en Heraclea. En la lucha se impuso la disciplina de las legiones que barrieron a sus enemigos. No obstante el rey epirota contaba con un arma todavía desconocida en aquel tiempo: los elefantes. Al verlos desde lejos, los romanos los tomaron por bueyes, de ahí el apelativo de bueyes lucanos por el que se conoció a los proboscidios incluso hasta tiempos medievales. Pero al tenerlos más cerca, cundió el pánico entre los legionarios que huyeron en desbandada. Pirro se adjudicó muy ufano la victoria. Sin embargo, al hacer balance de pérdidas, halló que con la excepción de la unidad elefantina, la práctica totalidad de su ejército había sido aniquilada. Este es el origen de la expresión victoria pírrica para referirse a supuestos triunfos que cuestan muy caros. Actualmente usan y abusan de ella hasta los comentaristas deportivos, con un desparpajo insólito en gentes tan iletradas.


Todavía no escarmentado, volvió Pirro a la carga en 279 a.C. El campo de batalla fue esta vez Ascoli Satriano, pero a pesar del cambio de escenario, la derrota de los griegos fue mayor si cabe, aun a pesar de los elefantes. Los romanos estrenaron contra ellos unas lanzas largas y agudas, remoto antecedente de las picas que mil años después manejarían los tercios españoles en las guerras europeas del XVII, y que inmortalizó Velázquez en La rendición de Breda.
Tampoco la nueva derrota desmoralizó a Pirro ni mitigó lo más mínimo sus ganas de camorra. Llamado esta vez por los siracusanos, embarcó hacia Sicilia para defender a Siracusa de los cartagineses. Fue de nuevo vencido, y aun no satisfecho, regresó por última vez a Italia en auxilio de los tarentinos. En 275 las legiones romanas le infligieron una nueva derrota en Malevento, tan severa, que el epirota tuvo por fin que regresar a su tierra con el rabo entre las piernas. Los romanos rebautizaron a Malevento como Benevento en recuerdo de su victoria.

Con todos estos avatares bélicos, Roma aprendió al fin geografía, y se supo dominadora de gran parte de la península. En 273, a instancias del Senado, se inició oficialmente la completa conquista y romanización de Italia, que en muy pocos años se extendió a parte de Sicilia e incluso a la Grecia continental. Probablemente Pirro nunca llegó a ser consciente de su decisiva aunque involuntaria, contribución a la Historia.

-Manolo, mira a ver, me parece que la cisterna pierde.
-Pues dile que lo importante es participar.




miércoles, 26 de agosto de 2020

ARTHUR C. CLARKE, UNA ODISEA LITERARIA


En la localidad británica de Minehead, Somerset, y en 1917, nació Arthur Charles Clarke, célebre en todo el mundo como autor de novelas de ciencia ficción. Mucho menos conocida es su faceta de científico e investigador. Estudió matemáticas y física en el King’s College de Londres, finalizando sus estudios con honores, y durante la Guerra sirvió en la RAF como especialista en radares, campo en el que desarrolló también algunas mejoras. Sentó las bases para establecer la órbita geoestacionaria de los satélites artificiales, llamada en su honor órbita Clarke, lo que le valió diversos premios, becas y reconocimientos. Apasionado de la astronomía, presidió durante varios años la Sociedad Interplanetaria Británica. Destacó también como divulgador, tanto en libros como en televisión, siendo el comentarista de las misiones Apolo para la cadena CBS. Es autor de las leyes de Clarke (1962). La tercera de ellas, que es la más popular, declara que toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.
En el plano personal, tuvo un matrimonio desgraciado y efímero, y nunca volvió a casarse. Residió desde 1956 en Ceilán. Falleció en su capital, Colombo, en 2008, cuando contaba noventa años.

Aquí, en Bigotini literario, nos interesa sobre todo su faceta de autor de novelas y relatos de ciencia ficción, por la que Arthur C. Clarke es universalmente conocido. En el campo de la literatura fantástica, Clarke completa el podium junto a Asimov y a Bradbury, el A-B-C de la ciencia ficción del siglo XX.
Comenzó en 1946 publicando cuentos en revistas como Astounding. En esa primera época destacó como autor de relatos breves. Una de sus primeras novelas, El Centinela, fue precursora de la serie 2001, que le hizo famoso. Como autor de ciencia ficción, Clarke cultivó la llamada S-F dura, o científica, argumentos basados en la ciencia y la tecnología del futuro, con explicaciones sólidas y bien elaboradas en las que brilla su formación científica. Otra de sus características es el optimismo que rezuman sus relatos. Clarke cree y confía en la ciencia, da por seguro que una sociedad más tecnificada siempre será mejor, e incluso trasciende esa visión a los visitantes de otros mundos, que aparecen siempre en sus relatos como seres benévolos y cooperadores.


Entre sus mejores novelas citaremos la saga de Cita con Rama (1973), Las arenas de Marte y El centinela (1951), El fin de la infancia (1953), La estrella (1955), La ciudad y las estrellas (1956), Regreso a Titán (1975), Las fuentes del paraíso (1979), Cánticos de la lejana Tierra (1986), Venus Prime (1987), Cuna (1988) o El martillo de Dios (1993), algunas de estas y otras muchas en colaboración con otros autores del género, como Paul Preuss, Gentry Lee, Gregory Benford o Stephen Baxter.
Es también autor de una decena de colecciones de relatos y de un puñado de obras de divulgación científica. Pero en el conjunto de su extensa obra literaria, destaca por derecho propio la serie 2001, que comenzó en 1968 con la publicación de 2001: Una odisea espacial. Contrariamente a lo que parecería más lógico, la novela no precedió a la famosa película de Stanley Kubrick, sino que el filme se ideó a partir del relato El centinela, y posteriormente Kubrick requirió al autor para escribir con él el guión de la película. A partir de dicho guión, Clarke terminó de construir la novela tal como la conocemos.
A la primera entrega sucedieron otras tres: 2010: Odisea dos (1982), 2061: Odisea tres, y 3001: Odisea final. Ninguna de ellas alcanza la calidad de la primera novela, convertida igual que la película de Kubrick, en una obra de culto.

En Biblioteca Bigotini os ofrecemos hoy el enlace (clic en la ilustración) con la versión digital de uno de los microrelatos más conseguidos de Clarke: Crimen en Marte. Disfrutad con su lectura.

Cuando un científico afirma que algo es posible, casi con toda seguridad está en lo cierto. Cuando afirma que algo es imposible, muy probablemente se equivoca. Arthur C. Clarke (1ª ley de Clarke).





sábado, 22 de agosto de 2020

CERTEZAS, MEDIAS VERDADES Y MENTIRAS SOBRE LOS ALIMENTOS



Los alimentos y la nutrición humana constituyen uno de los campos más extensamente abonados para la ciencia y la investigación. Son numerosos los estudios, análisis y experimentos que se han llevado a cabo y se siguen desarrollando en esta materia. Conviene sin embargo, hacer una distinción importante entre los trabajos encaminados a fines altruistas, como la lucha contra el hambre, el incremento y mejora de la producción agrícola, la profilaxis de cuadros carenciales, etc.; y aquellos otros cuyo único objetivo es el lucro de las industrias alimentarias, basándose en estudios de mercado para diseñar productos alimenticios fruto de estudios de laboratorio y de combinaciones de alimentos que habitualmente no se encuentran en el medio natural.

El peso económico, y en ocasiones la influencia política y social de estas industrias, es muy considerable. A menudo se trata de multinacionales que no solo se dedican a la alimentación, sino que participan en empresas farmacéuticas y hasta en industrias armamentísticas. Entre los especialistas en la materia ha sobrevolado siempre como una tenue nube, la vieja aspiración de “inventar” el alimento ideal, algo así como el pan del futuro. El problema es que el pan ya está inventado desde hace muchos siglos, y los intentos de fabricar y comercializar esas barras energéticas o ese alimento completo que resuelva los problemas alimenticios de la humanidad, devienen siempre en fracasos, porque chocan frontalmente con los hábitos de las gentes y la cultura de los pueblos. En vano se ofrecerán sofisticados batidos alimenticios o compactados proteicos a asiáticos hambrientos. Lo que demandan (y lo que realmente necesitan) es arroz.


En el mercado occidental han proliferado como setas en los últimos años, productos de diseño destinados a satisfacer cierta demanda que en todo caso se ha creado artificialmente a base de publicidad. Resultan atractivos para el consumidor, no solo por su presentación, sino porque se revisten de un aire saludable y se publicitan como recomendados por médicos y otros profesionales de la salud. Existen elementos simples (leches, yogures, cereales…) que sirven de base a diferentes aditivos teóricamente destinados a enriquecerlos y convertirlos en poco menos que alimentos milagro.

No sería justo, sin embargo, medirlos a todos por el mismo rasero. Digamos que se han comercializado productos verdaderamente útiles, como cierta marca de yogur (sólo esa, y no sus imitaciones) a la que se añaden bifidus vivos. Cierto que todos los yogures contienen bifidus, pero en este caso se trata de bacterias vivas que pueden jugar un importante papel en la reposición de la flora saprofita intestinal, sobre todo después de haber sufrido gastroenteritis u otros procesos diarreicos, después de someterse a un tratamiento de antibioterapia, etc.

Al lado de estos productos podemos encontrar otros cuya licitud no se discute, pero que acaso no aportan nada que no pudiera encontrarse ya en el mercado. Es el caso de cereales, galletas y otros alimentos a los que se han adicionado fibras. Mientras se tomen como otra galleta u otro cereal más, sin perjuicio de seguir una dieta equilibrada, no hay nada que decir. Sin embargo, si lo que pretenden es suplir la ingesta de frutas y verduras hacen un flaco favor a sus consumidores. Otra especie de broma es el pan integral con bajo nivel de colesterol. Estamos sencillamente ante un absurdo: los carbohidratos jamás contienen colesterol, a no ser que se añada al pan alguna grasa de origen animal. Es algo así como anunciar jamón sin gluten (prometo que he visto estas etiquetas en el mercado). ¡Ya sólo faltaría que los derivados de carne contuvieran gluten!, podría exclamar algún consumidor indignado. Pero lo cierto es que muchas veces las industrias añaden gluten a los embutidos como espesante.
Un contrasentido en el que puede que no hayáis pensado: a mucha gente le gusta consumir leche desnatada o semidesnatada. Pues bien, al desnatar la leche se eliminan el calcio y la vitamina D. Después resulta, (¡qué paradoja!) que se nos vende la leche desnatada enriquecida con calcio y vitamina D.

Existen por último una serie de alimentos supuestamente saludables que constituyen una pésima elección. Quizá el ejemplo más flagrante lo encontramos en ciertas leches enriquecidas con ácidos grasos omega-3, que se publicitan para mantener a raya (y hasta reducir, esto se ha escuchado en algún spot) el exceso de colesterol LDL. Nada más engañoso. Las leches en cuestión contienen efectivamente omega-3, pero en una proporción tan mínima, que sería necesario consumir varios litros de leche para ingerir el omega-3 que contiene un simple boquerón en conserva. Claro está que si añadieran a la leche una cantidad considerable de grasas omega-3, cambiarían por completo sus propiedades organolépticas, y aquello ya no se podría calificar de leche. De acuerdo. Pero de ahí a inducir al consumidor a pensar que aquello se parece remotamente al pescado azul, media un abismo.

Todas las semanas dejo de fumar y me pongo a dieta. Umberto Eco



miércoles, 19 de agosto de 2020

LUDWIG BOLTZMANN, EL SEÑOR DE LA ENTROPÍA


En Viena, y en febrero de 1844, vino al mundo Ludwig Boltzmann. Estudió en Linz y se doctoró en la Universidad vienesa. Impartió clases de física, primero en Graz y más tarde en Heidelberg y en Berlín. Desde su juventud alternó y colaboró con los grandes hombres de la física en su tiempo: Stefan, Bunsen, Kirchhoff, Helmholtz… Regresó a Viena como profesor de matemáticas, ocupó la cátedra de física en Graz en 1876, la de Leipzig en 1900, y finalmente, la de su Viena natal en 1901, donde además de la cátedra de física, se hizo cargo de la de historia y filosofía de las ciencias.

Su teoría atómica, que defendía la existencia real de los átomos, fue compartida por Maxwell, Gibbs y por la mayoría de los químicos y los matemáticos de su generación. Encontró sin embargo, una fuerte oposición entre muchos físicos teóricos, como Wilhelm Ostwald y sobre todo, como Ernst Mach, compañero suyo en Viena, a quien trataba prácticamente a diario. Se especula si esas diferencias académicas pudieron ser el desencadenante del suicidio de Boltzmann, que se ahorcó en 1906 durante unas vacaciones en Duino, Alpes italianos.


Ludwig Boltzmann, junto a Maxwell, fue el primero en aplicar métodos probabilísticos a la mecánica, lo que le permitió enunciar y argumentar las leyes de la termodinámica, materia de la que podemos considerarle como el verdadero fundador.
La llamada en su honor constante de Boltzmann, relaciona temperatura absoluta y energía. En mecánica estadística desempeña un papel crucial. Su valor es:

K = 1,38064852 (79) x 10-23;
J/K = 1, 3806504 x 10-16 ergios/K

Aunque acaso la principal aportación de Boltzmann a la ciencia, fue la definición de la entropía (S), el concepto decisivo de la termodinámica. En mecánica estadística la entropía de un sistema aislado en equilibrio termodinámico, se define como el logaritmo natural de W, el número de estados microscópicos definidos en los que puede llegar a estar un sistema. La ecuación, una de las piezas clave de la ciencia del siglo XX, está grabada en la tumba de Ludwig Boltzmann del cementerio central de Viena:

S = k. log W

En Bigotini consideramos a Boltzmann un gigante de la ciencia que merece figurar con letras de molde en el cuarteto que forman con él, sir Isaac Newton, su coetáneo y amigo James Clerk Maxwell, y Albert Einstein, a quien no llegó a conocer. Los cuatro contribuyeron de manera decisiva a permitirnos intuir las leyes que rigen el universo. Otras grandes mentes que llegaron después, se ocupan de forma incansable en desarrollarlas.

Las mujeres se visten para gustarse entre ellas. Si se vistieran para agradar a los hombres, se arruinarían los fabricantes de telas. Groucho Marx.




sábado, 15 de agosto de 2020

NORMAN PETT. MATERIAL BÉLICO



Nacido en Kings Norton, Worcestershire, en 1891, Norman Pett fue uno de los más notables historietistas británicos, pionero de las series para adultos. En su juventud estudió dibujo en la Press Art School, una de las primeras academias por correspondencia de las que más tarde abundarían en el ámbito anglosajón. Continuó después su formación como dibujante en Birmingham. Pett fue también uno de los primeros ilustradores que para dibujar sus atractivas pin-up, se sirvieron de modelos reales. Su principal musa artística fue Chrystabel Leighton-Porter, que posó para él durante años.

En 1932 creó a su más célebre personaje: Jane, una chica rubia y hermosa que por uno u otro motivo, siempre justificado en el guión, se quitaba la ropa con gran desparpajo ya desde las primeras viñetas. Gran parte de las aventuras de la atractiva Jane transcurrieron en la milicia, produciéndose multitud de situaciones entre cómicas y picantes en las que abundaron la lencería y los desnudos de la heroína. Le acompañaba un simpático perrito. Al estallar la guerra, Jane se convirtió en todo un fenómeno de popularidad entre los soldados británicos y americanos, ya que la serie, en forma de álbumes, cruzó también el Atlántico. Su creador siguió dibujando a Jane durante dieciséis años, hasta 1948, fecha en que el Daily Mirror, que poseía los derechos, encargó su continuación al dibujante Michael Hubbard.
Norman Pett no abandonó el dibujo. Susie fue su siguiente creación, otra joven y atractiva heroína cuyas aventuras, más variadas que las de Jane, se alejaron de los cuarteles para abrirse a un mundo diferente, con ciertos toques de romanticismo, aunque algo menos de sex-appeal que la vieja Jane. Pett falleció en Sussex en 1960. Nuestra modesta historia del cómic os trae hoy una selección de páginas y viñetas de este prolífico dibujante. Esperamos que al menos la elegancia del trazo guste también a las chicas, y que los chicos neomilenarios os hagáis una idea de por qué los soldados de los cuarenta tenían posters de Jane en sus taquillas.