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martes, 15 de julio de 2025

DUSTIN HOFFMAN, UN PEQUEÑO GRAN ACTOR

 



Dustin Hoffman, un californiano de origen judío… ¿Pero bueno, es que todos en Hollywood van a ser judíos? En fin, todos no, pero la nómina de yiddish en el show business americano parece interminable, como lo es la de la ciencia, las artes y las letras. Ténganse en cuenta las muchas décadas de continua llegada de emigrantes europeos a las costas americanas y su procedencia. Si trazamos en el mapa de Europa una línea vertical que atraviese París, la mayoría de los procedentes del Este debían ser judíos, así que no nos extrañe encontrar sus apellidos por decenas en los títulos de crédito de cualquier película.

Bien, pues Dustin Hoffman, un joven californiano (vamos a dejarlo así) que había estudiado medicina, pero nunca la llegó a ejercer, descubrió que su verdadera vocación era la de actor. En el Actor’s Studio neoyorquino le confirmaron que, efectivamente, tenía grandes dotes como actor. Además, Dustin era un mozo bajito y no demasiado apolíneo, lo que le llevó a sacar la misma conclusión que Woody Allen: si un tipo físicamente poco notable aspira a acostarse con muchachas hermosas de curvas de vértigo, sólo tiene dos caminos, hacerse millonario o trabajar en el cine. Así que el joven Hoffman optó como el astuto Allen por trabajar en el cine. Claro que como no era físicamente notable, le costó un poco, y para cuando consiguió su primer papel importante, había sobrepasado ya los treinta. A pesar de eso, interpretó a un jovencito recién graduado en El Graduado, una espléndida comedia de Mike Nichols donde brillaron Anne Bancroff, otra judía, Katherine Ross, la música de Paul Simon y Art Garfunkel, también judíos, y por supuesto, Dustin Hoffman. Hizo luego un papelón extraordinario en Cowboy de medianoche, y accedió después a la cima de la interpretación con su papel en Pequeño gran hombre, una fábula sobre el genocidio de los indios americanos contada desde el punto de vista de las víctimas, que no sentó nada bien entre la sociedad americana más conservadora. Después de aquel apoteosis se sucedieron sus éxitos, interpretando a toda clase de personajes, héroes y villanos, y hasta travestidos, como en el caso de Tootsie. En Bigotini le recordamos sobre todo como falso piel roja ya crecidito, dejándose enjabonar en una bañera por Faye Dunaway, espléndida y libidinosa esposa de un predicador del far west.

Para que vosotros también le recordéis, os dejamos el enlace con un corto que recoge una selección de las mejores escenas de El Graduado. Que os aprovechen. 

Dustin Hoffman. Mejores escenas de El graduado.

The Graduate Starring Dustin Hoffman | Most Iconic Scenes - YouTube

 

Próxima entrega: Faye Dunaway


sábado, 12 de julio de 2025

VIDA, FORTUNA Y MUERTE EN LA ITALIA DE LIUTPRANDO

 


La lista de los reyes, o más propiamente, de los duques lombardos del norte de Italia, es tan larga y tan farragosa como la de los reyes godos españoles. A Rotario, perpetrador de bárbaras leyes, de quien hablamos en un reciente artículo, sucedió su hijo Rodoaldo en 652. Apenas cinco meses después, fue apuñalado por un sirviente de cuya esposa había abusado. Accedió al trono Ariperto, que se afanó en construir basílicas por doquier. A su muerte coronaron a Grimoaldo, soberano con fama de glotón, que falleció víctima de una hemorragia. Le sucedió Pertarito, un católico fanático y furibundo antisemita, que bautizó a la fuerza a todos los judíos que se pusieron a tiro. Su hijo y sucesor, Cuniperto nos sitúa ya en el año 700. Después de Cuniperto, la lista se engrosa a base de reyes y duques longobardos de los que prácticamente sólo es conocido el nombre.


Alguno de ellos tan anecdótico como un tal Ariperto, a quien describen como beato, desconfiado y tacaño, que recibía en Pavía a los embajadores, vestido con harapos, para subrayar la miseria de su pueblo y negar cualquier posible ayuda. Por las noches, visitaba de incógnito tabernas y lupanares para espiar a sus súbditos y escuchar lo que de él se decía. Finalmente, en 721, accedió al trono Liutprando, a quien puede considerarse el primer gran rey lombardo italiano. En lo político, Liutprando intentó muy seriamente la unificación de Italia, primero sometiendo a la obediencia a los duques de Spoleto y Benevento, y luego negociando con la curia y los papas de Roma, la ruptura con el exarcado bizantino. A fin de cuentas, Roma y Bizancio ya se hallaban tan alejadas en lo religioso como lo estarían desde entonces, y por otra parte, los lombardos eran católicos, concretamente Liutprando era quizá el primer católico sincero de su estirpe. Pero no pudo ser, porque encontró en la silla de San Pedro a una serie de papas beligerantes y muy celosos de conservar su poder terrenal. Liutprando fue acaso demasiado respetuoso, y renunció a emplear la fuerza contra Roma.


En materia legislativa, Liutprando corrigió y perfeccionó el edicto de Rotario, haciéndolo algo más humano. Abolió del código las venganzas y los castigos más extremos de muertes y amputaciones, sustituyéndolos por la confiscación de los bienes de los acusados cuya culpabilidad era probada. Fijó penas para los padres que abusaban de sus hijas o las casaban antes de cumplir doce años. Estableció que la mujer infiel sorprendida in fraganti fuera azotada hasta derramar sangre, algo que aunque parezca terrible, suavizaba bastante el anterior castigo de pena de muerte. Eso sí, para no exagerar con la compasión, quemaban vivo al seductor. El código de Liutprando también castigaba a los que durante las bodas arrojaban excrementos a los novios, lo que nos da idea de que las costumbres de la época no eran precisamente refinadas. Multó a los atrevidos que se introducían en los lavabos de las matronas longobardas para palparles las nalgas, otra pincelada costumbrista que nos ofrece el edicto.


Liutprando falleció en 744, después de treinta y tres años de reinado. Con él, los bárbaros parece que se civilizaron un poco. En todo caso, la sociedad de la Italia lombarda no era precisamente un paraíso. La economía era muy simple. Los principales centros de comercio eran Pavía, la capital, junto a Milán, Venecia, Rávena y Roma. Como los longobardos tenían una organización fundamentalmente militar, y marcadamente militarista, Pavía era más que una ciudad, un cuartel, una fortaleza. El comercio quedaba en manos de los aldios, nombre que se daba a los bárbaros que no formaban parte de la estirpe longobarda. Eran descendientes de bárbaros alistados por la horda antes de pisar suelo italiano, a quienes una vez establecidos en la península, se negó el derecho a portar armas. Los aldios ocupaban el estrato social inmediatamente inferior a los llamados arimanes (guerreros) y adelingos (nobles), que eran los lombardos de pata negra. Los autóctonos, es decir los italianos conquistados, a quienes llamaban genéricamente romanos aunque fueran de Turín, no tenían ningún derecho, y se los trataba como a escoria, estando prohibidos los matrimonios mixtos. Racismo altomedieval puro y duro.


Fuera de la media docena de ciudades fortificadas y bien defendidas, reinaba el caos, la ley de la selva. Cualquier viaje que no se hiciera con una escolta fuertemente armada, condenaba al viajero al despojo y probablemente a la muerte, por lo que el comercio y los intercambios se redujeron a mínimos. Las gentes sencillas morían de hambre o de las numerosas epidemias de peste o de cólera. La población italiana también se redujo a mínimos. Las riquezas se concentraron en manos de los nobles armados y de los abades de los monasterios, dirigentes religiosos emparentados con la nobleza lombarda, señores no menos feudales que los señores feudales propiamente dichos. Tanto el duque como el abad tenían derechos absolutos sobre vidas y haciendas. Los desheredados, los campesinos famélicos y devorados por los piojos, no tenían otro amparo ni otra aspiración, que arrimarse a los castillos y a las abadías, y postularse como siervos de la gleba. Siervos del abad o del señor de turno, que acaso les protegería de las tropelías de cualquier otro señor.


Estamos viendo nacer el feudalismo, un sistema que con uno u otro matiz, iba a prolongarse durante siglos. Un sistema cerrado de castas en el que el hijo del labrador estaba condenado a serlo él mismo durante el resto de su vida, del mismo modo que el hijo del esclavo nacía y moriría siendo esclavo. Un sistema que a pesar de la flagrante y profunda injusticia en que se sustenta, no iba a ser cuestionado seriamente hasta la misma Revolución francesa y el resto de las revoluciones liberales, entrado ya el siglo XIX. Nuestros abuelos, como aquel que dice. Diversas son sin duda las causas de esa prolongada dilatación en el tiempo del viejo régimen, que ahora nos parece asombrosa. El papel de la Iglesia y los eclesiásticos tuvo seguramente un peso importante en ello. En todo caso, un análisis de esta materia con alguna profundidad y un mínimo criterio, sobrepasa la capacidad de nuestro modesto foro. Aquí entre nosotros, leyendo a Marx se entienden algunas cosas, pero no quiero decirlo muy alto, que luego el profe Bigotini me riñe.

-¿Emergencias?, oiga, hay un dragón en mi cuarto.

-¿Consume estupefacientes?

-¡Y yo qué sé, es la primera vez que le veo!


miércoles, 9 de julio de 2025

ENRIQUE JARDIEL PONCELA. HUMOR SE ESCRIBE CON HACHE

 


Enrique Jardiel Poncela nació en Madrid en 1901. Fue el cuarto hijo y único varón del matrimonio formado por Enrique Jardiel, periodista, latinista y matemático, y Marcelina Poncela, pintora. La familia hundía sus raíces en el pueblo zaragozano de Quinto de Ebro, en la Ribera Baja. Una familia en la que florecieron las ciencias, las artes y las letras. Al parecer, la rama materna era muy cercana al comediógrafo Vital Aza, cuyos sainetes y libretos de zarzuela obtuvieron gran éxito a caballo entre los siglos XIX y XX. El pequeño Enrique se crió rodeado de libros y objetos artísticos. Comenzó a estudiar con sus hermanas en la Institución Libre de Enseñanza, pasando luego por el Liceo Francés, los escolapios y el Instituto San Isidro. Parece que no fue un buen estudiante. Enrique prefería dibujar y escribir las historias que se le iban ocurriendo. Siempre andaba con su cuaderno y sus lápices, dibujando del natural o copiando algunos cuadros del museo del Prado.

Su madre, a la que adoraba, cayó enferma y murió varios meses después, probablemente a causa de un carcinoma colorrectal, tras un largo y penoso peregrinaje por los mejores doctores y las mejores clínicas de la España de entonces. Seguramente fruto de aquella frustración fue la animadversión que Enrique tuvo siempre hacia los médicos, matasanos a quienes no perdió ocasión de denostar y ridiculizar en sus obras.

El poeta Manuel Machado, vecino de la familia, tras leer alguna cosa del joven Jardiel, le animó a seguir escribiendo, así que más o menos definitivamente, colgó los pinceles que le recordaban a su llorada madre, y los cambió por la pluma estilográfica, instrumento al que guardó siempre fidelidad. Se acostumbró a escribir en los cafés madrileños, el Pombo y el Gijón sobre todo, pero también en algunos otros locales algo más castizos y populares que evitó mencionar en sus apuntes biográficos. Lo cierto es que, como diría Emilio Carrere, aquel señorito de derechas también descendía al reino de la calderilla y la puñalada de su Madrid sainetero.


Conoció en esa época a José López Rubio y a Ramón Gómez de la Serna, escribió numerosos artículos para La Correspondencia y El Imparcial, y festejó durante siete años con Amparito, que fue su primera novia. Pasaba los veranos con su familia en Quinto, aburriéndose soberanamente.

Sus amigos literatos, le animaron a escribir, convenciéndole de que lo suyo era la comedia y el humor. Así que  a partir de 1923, abandonó el periodismo con la única excepción de sus colaboraciones para la revista Buen Humor, y se dedicó a la literatura por entero. Publicó algunas novelas cortas que se vendieron en las ediciones baratas de bolsillo que fueron tan populares en la década de los veinte. Sus finanzas eran ruinosas. Publicó algún trabajo en la recién nacida revista de humor Gutiérrez, heredera de Buen Humor. Abandonó a Amparito, y en 1926 se fue a vivir con Josefina Peñalver, una mujer separada y algo mayor que él. Publicó alguna otra novela en colaboración con Serafín Adame. Al cabo de un año se separó de Josefina, y acuciado por la necesidad, se propuso escribir una comedia que resultara un éxito comercial. Una noche de primavera sin sueño se estrenó en el Teatro Lara de Madrid el 28 de mayo de 1927, y efectivamente, resultó un éxito rotundo. Unos meses más tarde nació su hija Evangelina, fruto de su relación con Josefina Peñalver.

Evangelina fue durante toda su vida la persona más querida para Jardiel y la que más le quiso. Permanecieron siempre unidos, y tras su muerte, escribió la biografía de su padre. José Ruíz Castillo, el editor de Biblioteca Nueva, animó a Enrique a escribir más novelas de humor, y eso fue lo que hizo el escritor, alternando siempre la narrativa con la dramaturgia. En la escena se sucedieron los éxitos de Jardiel, aunque alternándose, es preciso reconocer, con algunos notorios fracasos. Entre sus mejores novelas destacan Amor se escribe sin hache, Espérame en Siberia, vida mía, Pero… ¿hubo alguna vez once mil vírgenes? y La tournée de Dios. Otra narrativa humorística del autor comprende títulos como El libro del convaleciente, Lecturas para analfabetos, Exceso de equipaje, El hombre que iba a casa del dentista o Consejos para asesinos. Innumerable sería la relación de sus novelas cortas, sus guiones para el cine  o sus recopilaciones, que ascienden a cientos de títulos.


Pero lo más importante y representativo de Enrique Jardiel Poncela son sus comedias, cuarenta y dos en total, de las cuales se estrenaron cuarenta y una. He aquí sólo los títulos de las más célebres y aplaudidas: El cadáver del señor García, Usted tiene ojos de mujer fatal, Angelina o el honor de un brigadier, Las cinco advertencias de Satanás, Cuatro corazones con freno y marcha atrás, Un marido de ida y vuelta, Eloísa está debajo de un almendro, Los ladrones somos gente honrada, Es peligroso asomarse al exterior, Los habitantes de la casa deshabitada, Tú y yo somos tres, Agua, aceite y gasolina, El sexo débil ha hecho gimnasia, Blanca por fuera y Rosa por dentro

El teatro de Jardiel puede encuadrase en el del absurdo, con toques de un humor muy personal y muy sutil que huye siempre del chiste fácil, de la sal gorda y de lo chabacano, que en las primeras décadas del siglo tanto habían cultivado los sainetistas o más propiamente saineteros de renombre. Jardiel inicia en la escena española tanto de pre como de posguerra, lo que Alfredo Marqueríe llamó el jardielismo, escuela a la que pueden adscribirse autores como López Rubio, Mihura, Neville, Tono, Ruíz Iriarte, Llopis, Laiglesia, Paso o Alonso Millán, entre otros. Pertenece Jardiel a la que se ha llamado a veces otra generación del 27, una etiqueta tan discutible o tan aceptable como casi todas las etiquetas.

En el teatro de Jardiel aparecen situaciones inverosímiles, tramas detectivescas, un humor inteligente y a menudo intelectual, aunque un poco pedante, ingenioso, mordaz, y sobre todo, un pasmoso dominio de la construcción dramática, que alterna momentos de intriga con rasgos de humor y con sorpresas mayúsculas.

Sociológicamente Jardiel Poncela fue lo que se dice un señor de derechas, y aunque procuró manifestar siempre cierto desprecio por la política y los políticos, sus orígenes familiares y el ambiente en que se desenvolvió son inequívocamente derechistas. Viajó con otros comediógrafos y guionistas españoles al Hollywood de los años treinta, y la Guerra Civil le sorprendió en Madrid, donde fue detenido y conducido a una checa en agosto del 36 acusado anónimamente de haber cobijado a un exministro. Fue liberado tras comprobarse la falsedad de la denuncia. Pasó a Francia y de allí a Argentina. Regresó en el 38 a través de Portugal, y se estableció en San Sebastián, zona franquista. Volvió a instalarse en Madrid en el 39.


Como se refleja en sus comedias y en el resto de su obra, Jardiel fue lo que se dice un señorito presumido y clasista que situó a sus personajes y se situó él mismo en una sociedad española inexistente en la que los burgueses habitaban espléndidos chalés, conducían lujosos automóviles o tiraban el dinero jugando en los casinos, cuando en la España y en el Madrid del tiempo de sus mayores éxitos (los años cuarenta) reinaban el hambre, la miseria y la represión en un estado policial. Sus comedias, que se empeñó tercamente en situar en los felices veinte, aunque en las notas escenográficas pusiera “la acción en Madrid, actualmente”, rebosan sedas, pieles, mayordomos y doncellas. Jardiel trasladó a los escenarios madrileños el ambiente hollywoodiense de las glamurosas películas de Fred Astaire y Ginger Rogers. En los prólogos e introducciones de sus libros, se refiere a sí mismo como uno más de sus imposibles personajes ficticios.

La década de los cuarenta fue la de la mayor capacidad creativa de Jardiel. Actuó muchas veces como empresario teatral. Otras veces participó como productor en películas basadas en algunas de sus obras. Ganó con alguna comedia mucho dinero, y sin embargo tuvo que afrontar también algunos fracasos que le llevaron a la ruina. Finalmente falleció en febrero de 1952, arruinado y abandonado por muchos de sus amigos. En su nicho figura el siguiente epitafio: Si buscáis los mayores elogios, moríos.

En Bigotini, para recordar a este singular comediógrafo y humorista, os brindamos el enlace con la versión digital de Exceso de equipaje, divertido batiburrillo de jardieladas, como a él mismo le gustaba llamar a sus cosas en ocasiones. Haced, si os place, clic en el enlace:

https://www.dropbox.com/home/Profesor%20Bigotini?preview=Jardiel+Poncela%2C+Enrique+-+Exceso+de+equipaje.pdf

Es triste, pero siento la sensación de haber derribado con una frase setenta años de romanticismo. Paciencia. Los demoledores no tenemos entrañas. Enrique Jardiel Poncela. Exceso de equipaje.


domingo, 6 de julio de 2025

MENOS HUMOS. PREVENCIÓN EN TAREAS DE SOLDADURA

 


La soldadura mediante calor es, en cualquiera de sus formas, una actividad de gran frecuencia tanto en la construcción como en la industria y los servicios de mantenimiento o reparaciones. Su ejercicio conlleva importantes riesgos, tanto de seguridad (posibilidad de accidentes, quemaduras, incendios o explosiones) como higiénicos (por inhalación de gases o humos). Es esencial la vigilancia periódica de la salud de los trabajadores expuestos al riesgo, muy especialmente mediante una cuidadosa exploración que descarte patología respiratoria o toxicidad. Hoy os ofrecemos un pequeño resumen de consejos de seguridad y salud aplicables en las tareas de soldadura. Espero, como siempre, que resulten de alguna utilidad.

 

Como sabéis muy bien, todos los mensajes que, como este mismo, aparecen en la red, conviene que sean breves y concisos. En caso contrario, el lector tiende a obviarlos y pasar sobre ellos sin prestar demasiada atención. Por eso os conmino (con la dudosa autoridad que me dan las canas) a que, aunque no seáis soldadores, no os limitéis a mirar mis chistecillos del final, y os detengáis también en el contenido técnico. Total, son quince segundos. Venga. Seguro que no estáis tan ocupados como para no poder hacerlo.

 

 

Consejos de seguridad en las tareas de soldadura

 


Extremar el ORDEN Y LA LIMPIEZA en las instalaciones

Delimitar adecuadamente los lugares de trabajo y las zonas de paso mediante SEÑALIZACIÓN HORIZONTAL o alguna medida equivalente

Respetar en todo momento y velar porque sea respetada dicha delimitación

Realizar los recorridos prestando la debida atención en los desplazamientos y EVITANDO PRISAS INNECESARIAS

Emplear las HERRAMIENTAS Y EQUIPOS DE TRABAJO más adecuados para cada tarea en concreto, evitando por comodidad, hacer uso de aquellos que se hallen más próximos si no están específicamente destinados a la labor

Disponer de HERRAMIENTAS MANUALES EN NÚMERO SUFICIENTE y mantenerlas en todo momento en correcto estado, procediendo a su sustitución cuando representen un peligro para la seguridad de los operarios

Mantener en todo momento unas ADECUADAS CONDICIONES DE SEGURIDAD EN LOS EQUIPOS DE SOLDADURA, procediendo a su mantenimiento periódico y reparando o sustituyendo si fuera preciso, aquellos elementos deteriorados que pudieran constituir un riesgo para los operarios.

Utilice para cada tarea los Equipos de Protección Individual imprescindibles.

FORMACIÓN en materia de movimientos y posturas y cuidados de la espalda

VIGILANCIA DE LA SALUD que incluya en los reconocimientos médicos periódicos, exámenes específicos de la columna vertebral y el sistema musculoesquelético así como del aparato respiratorio.

Depositar los sopletes calientes sobre soportes adecuados, lejos de materiales inflamables

NO ALMACENAR MATERIALES COMBUSTIBLES JUNTO A ZONAS DE PELIGRO

Siempre que se realicen tareas de soldadura hay que tener a mano un extintor

Vigilar el punto de caída de chispas y proyecciones incandescentes

ASEGURARSE DE QUE NO EXISTAN ABERTURAS, intersticios, huecos o fisuras en suelos o tabiques, por los que pudieran pasar proyecciones de la soldadura

INSPECCIONAR LOS LOCALES ADYACENTES

Las personas que trabajen en soldadura deben estar formadas en el MANEJO DE EXTINTORES y otros medios de lucha contra incendios

Los desperdicios deben ser depositados en recipientes metálicos con tapa


NO FUMAR

Utilizar un CALZADO DE TRABAJO ADECUADO, con puntera reforzada y provisto de suela antideslizante

Utilizar cuando sea necesario GUANTES DE TRABAJO que protejan la manos frente a cortes o heridas

MANDILES o protectores del cuerpo

POLAINAS

PANTALLAS FACIALES PARA SOLDADURA

GAFAS DE PROTECCIÓN ANTIPARTÍCULAS para tareas de esmerilado o corte de chapa.

 

¿Veis como no era para tanto?

 

Hay una gran diferencia entre ser soldado y estar soldado.  El soldadito de plomo.

 


miércoles, 2 de julio de 2025

HÉROES Y VILLANOS. EL LADO OSCURO DE LA CIENCIA

 


Pues sí, como muy a menudo solemos decir, todo tiene sus luces y sus sombras. De estos claroscuros no se libran ni siquiera algunos eminentes científicos. Fijémonos a título de ejemplo en dos personajes casi contemporáneos. Seguimos para ello a Bill Bryson, que relata ambos casos en su libro El cuerpo humano. Una guía para ocupantes, RBA, Barcelona 2022.

En 1929 el doctor Werner Forssmann era un médico joven que trabajaba en un hospital berlinés. Sintió curiosidad por saber si era posible acceder al corazón por medio de un catéter. Sin calcular cuáles podrían ser las consecuencias de su proceder, Forssmann se introdujo un catéter en una arteria de su brazo izquierdo, y lo fue empujando lentamente primero hacia la axila y luego hacia el interior del tórax, hasta llegar al corazón. Se alegró al descubrir que seguía vivo y que su corazón seguía latiendo. Como necesitaba probar lo que había hecho, el joven médico caminó hasta el departamento de radiología de su hospital que estaba en la planta baja, y allí se realizó una radiografía que mostraba la impactante y difusa imagen de su sonda alojada en el corazón a través de su brazo y de su axila. Forssmann publicó su descubrimiento en una revista médica de escasa importancia, y aquello paso desapercibido.


Años después, dos académicos de la neoyorquina Universidad de Columbia, Cournand y Richards, cuyo exitoso y esta vez muy difundido trabajo se había basado en el descubrimiento de Forssmann, lo localizaron en Alemania con gran dificultad, pues aquel pionero del cateterismo cardiaco se hallaba prácticamente escondido ejerciendo de médico rural en una aldea perdida de la Selva Negra. La razón de su huida del mundo no hay que achacarla a una repentina vocación de búsqueda de paz interior. Lo cierto es que en los años treinta Forssmann había sido uno de los primeros y más entusiastas miembros del partido nazi, responsable en su parcela de la purga de judíos en busca de la pureza racial, la superioridad aria y todas esas zarandajas que, aun careciendo de fundamento, causaron el sufrimiento y la muerte de millones de personas. Bueno, pues en 1956 Richards, Cournand y Forssmann recibieron el Premio Nobel de Medicina y Fisiología. Saque conclusiones quien quiera sacarlas sobre la investigación médica, el nacismo o el comité de los Nobel, que de las tres cosas podría hablarse en profundidad.


El segundo caso que también recoge Bryson, es el del cirujano de Mineápolis Walton Lillehei, que en los años sesenta fue pionero de la técnica de cirugía cardiaca con circulación cruzada, en la que se conectaba al paciente a un donante temporal de sangre, generalmente un pariente cercano, cuya sangre pasaba a circular por el cuerpo del paciente durante la intervención. La técnica funcionó tan bien, que Lillehei sería ampliamente conocido como el padre de la cirugía a corazón abierto, y disfrutaría de gran reconocimiento y de éxito financiero. El doctor Lillehei se hizo rico. Desgraciadamente, como sucede muchas veces a los ricos, se apoderó de él la avaricia, y comenzó a evadir impuestos. En 1973 fue condenado por cinco cargos de evasión fiscal. Además, no sólo pecó de avaricia, sino al parecer también de lujuria, pues intentó deducirse varias facturas por pago a prostitutas. Sea porque ya en los setenta el comité del Nobel miraba más según qué cosas, o sea por lo que fuere, el rijoso doctor Lillehei se quedó sin el prestigioso galardón.

El profe Bigotini alberga la secreta esperanza de que algún día se instaure el Premio Nobel a la mayor nariz. Como parece improbable, se consuela con cualquier tontería, el pobre. 

-¿Y tú, a tu edad, todavía tienes deseos carnales?

-Pues claro que sí. Ahora mismo me comería un chuletón.


domingo, 29 de junio de 2025

BURNE HOGARTH, SU TARZÁN, SUS PARTIDARIOS Y SUS DETRACTORES


 

Nacido en Chicago en 1911, Burne Hogarth era hijo de un carpintero que falleció cuando el pequeño Burne sólo tenía doce años. El padre sin embargo, vivió el tiempo suficiente para inculcar en el espíritu del niño su amor a las artes plásticas. Estudió historia del arte y antropología en Chicago y en Nueva York, abriéndose paso gracias a su talento y a su esfuerzo, pues siendo todavía un niño comenzó a trabajar como ilustrador para diferentes medios. Durante la Gran Depresión se trasladó a Nueva York, dibujando tiras cómicas para periódicos, e ilustraciones para libros de narrativa. En 1934 comenzó a trabajar en el King Features Syndicate, en una serie sobre la piratería. Dos años más tarde, en 1936, al abandonar el gran Harold Foster su página dominical de Tarzán para dedicarse en exclusiva a su Príncipe Valiente, los directivos del KFS propusieron a Hogarth hacerse cargo de las aventuras del hombre de la selva, trabajo que inmediatamente le catapultó al parnaso de los artistas de cómics.

En efecto, el Tarzán de Burne Hogarth se convirtió en todo un clásico del género. En principio, su Tarzán siguió el camino trazado por Foster, tal como le habían encargado, pero poco a poco, Hogarth fue imponiendo en la serie su toque personal, hasta el punto de dividir a la crítica especializada, que siempre osciló entre el perfeccionismo de Foster, un tanto estático, y las abigarradas composiciones de las páginas de Hogarth. Unos y otros han querido ver en el Tarzán de Hogarth influencias del manierismo, del barroco y hasta del expresionismo alemán. Alguno le ha concedido el título de Miguel Ángel del cómic, y en la cresta de la ola del éxito, llegó a exponer sus planchas originales de Tarzán en el parisino museo del Louvre. En su trabajo Los cómics gay, un reputado crítico como Salvador Vázquez de Parga, manifiesta una opinión muy distinta y contraria a la obra de Burne Hogarth. Dice de él que su Tarzán sigue siendo uno de los cómics más fríos y aburridos que se han producido en América con imágenes más o menos espectaculares y un protagonista absolutamente ambiguo. Añade que Hogarth convirtió a Tarzán en un ser feroz y repulsivo, en un monstruo de la selva deformado por sus exuberantes rasgos anatómicos.

Burne Hogarth abandonó el cómic por la docencia en California, escuela de la que han salido muchos dibujantes e ilustradores de series de superhéroes que protagonizaron la Edad de Plata del cómic. También se dedicó a la ilustración de tratados de anatomía. Falleció de un infarto en París y en 1996, mientras asistía al Festival del Cómic de Angulema. Para que podáis juzgar vosotros mismos, dejamos aquí abajo un variado abanico de sus páginas y viñetas.
















miércoles, 25 de junio de 2025

SIDNEY POLLACK, POESÍA EN IMÁGENES

 



Sidney Pollack, otro judío neoyorquino aunque no naciera en la Gran Manzana, estudió primero, e impartió después clases de arte dramático, por lo que en el universo hollywoodiense de su tiempo se le consideró siempre un gran director de actores. Debutó en la dirección en los escenarios de Broadway, dejando sobre las tablas de los teatros su indeleble huella. Pasó luego a la televisión, y dio por fin el salto a la pantalla grande con títulos tan emblemáticos e imprescindibles como Danzad, danzad, malditos, Tal como éramos, Jeremiah Johnson, Tootsie o Los tres días del cóndor. Tras sucesivas nominaciones, consiguió finalmente su primer premio Oscar con Memorias de África, una obra imprescindible y acaso el mejor ejemplo de poesía en imágenes. Dirigió a varios de los grandes a quienes consideró siempre actores y actrices talismán, como Redford, Jane Fonda, Hoffman o la Streisand. Considerado siempre por la sociedad más conservadora como uno de los peligrosos izquierdistas de Hollywood, Pollack obtuvo más reconocimientos en Europa que en la propia América. Sería algo así como un Woody Allen sin psicoanalista de cabecera. Para recordar su talento, os dejamos el enlace con el trailer original de Jeremiah Johnson,  uno de esos peliculones que jamás envejecerán. 

Sidney Pollack. Trailer de Jeremiah Johnson. 1972

https://www.youtube.com/watch?v=UZQdYvVXaug

Próxima entrega: Dustin Hoffman