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miércoles, 16 de agosto de 2023

NIKOLÁI GÓGOL Y SU INCESANTE LUCHA INTERIOR

 


Nacido en Ucrania en 1809, Nikolái Vasilievich Gógol era hijo de una ilustre familia de la nobleza rutena proveniente de Polonia, los Gógol-Yanovski, aunque Nikolái que siempre se consideró profundamente ruso, evitó utilizar la segunda parte de su apellido. Con diecinueve años, en 1828, se trasladó a San Petersburgo, para trabajar como funcionario de la administración zarista. Conoció allí a Aleksandr Pushkin, ya por entonces considerado una gloria nacional de las letras rusas, que le animó a escribir y le introdujo en el mundo intelectual y literario petersburgués. En los años treinta Gógol ejerció como profesor de historia medieval en la Universidad. Publicó durante aquellos años con gran éxito sus primeros relatos: La avenida Nevski, El diario de un loco, El capote y La nariz, este último convertido en ópera décadas más tarde por el gran Dimitri Shostakóvich, también con gran éxito y elogiosas críticas.


Hasta aquel momento, Nikolái Gógol formó parte y se relacionó con la sociedad aristocrática. Probablemente su frecuentación de artistas, bohemios y críticos con el régimen zarista le condujo a un cambio radical de sus ideas políticas y sus planteamientos vitales. Publicó y estrenó en 1836 su comedia El inspector, una obra satírica que le granjeó muchos enemigos entre los poderosos y hasta en el seno de su propia familia, lo que finalmente le decidió a abandonar Rusia. Su exilio le llevó a Italia, Alemania, Suiza y Francia. Publicó en 1842 Almas muertas, sin duda su novela más redonda, donde arremetió con dureza contra la minoría oligárquica que mantenía sojuzgado al pueblo ruso. También se debe a su pluma la autoría de Tarás Bulba, una novela histórica ambientada en la Ucrania del siglo XVI que marca un hito en el Romanticismo literario en lengua rusa.


Los últimos años del escritor estuvieron marcados por una incesante lucha interior entre sus convicciones antizaristas y sus orígenes aristocráticos. Visitó Jerusalén acompañado de un pope ortodoxo, el padre Konstantinovski, que actuó como una especie de director espiritual de Gógol, oveja descarriada a quien pretendió regenerar y ganar para la causa de Cristo. Como medio de reconciliarse con la clase a la que pertenecía, Nikolái se embarcó en una especie de viaje imposible hacia atrás, mediante la escritura de una segunda parte de Almas muertas, a la que llamó Almas blancas. Según íntima confesión del autor, aquello le resultó imposible. Mientras intentaba describir a los personajes de su primera novela con trazos benévolos, la pluma no le obedecía, derivando constantemente hacia lo grotesco y lo ridículo. Terminó quemando lo que había escrito de Almas blancas en la chimenea del confortable estudio moscovita del bulevar Nikitski en el que falleció en 1848.


Nikolái Gógol protagoniza una de las cumbres de la literatura europea del ochocientos y de la literatura rusa de todos los tiempos. A medio camino entre el Romanticismo de su tiempo y el Realismo que adoptarían muchos de sus compatriotas escritores, su obra inaugura la novela rusa moderna y sus ideas preludian el estallido social que constituyó décadas después la Revolución soviética. Por eso las generaciones posteriores le tienen también por una gloria nacional. Para recordar su prosa, nuestra biblioteca Bigotini desempolva hoy su relato Diario de un loco, al que puede accederse haciendo clic sobre el enlace: 

https://www.dropbox.com/home/Profesor%20Bigotini?preview=Diario+de+un+loco.pdf

El lacayo abrió la portezuela, y la joven saltó del coche como un pajarito. Echó unas miradas en torno suyo, y al alzar los ojos sentí que mi corazón quedaba herido…

Nikolái Gógol. Diario de un loco.


sábado, 12 de agosto de 2023

CONDUCCIÓN DE VEHÍCULOS Y SALUD LABORAL

 


En España los accidentes llamados in itinere, acaecidos durante los desplazamientos al ir o al volver del trabajo, tienen a todos los efectos legales la consideración de accidentes laborales. Muchos de ellos son accidentes de tráfico. De manera que si a estos accidentes de tráfico in itinere sumamos los que se producen dentro del horario laboral en trabajadores cuya tarea principal o accesoria es la conducción de vehículos automóviles, nos encontramos con que los accidentes de tráfico representan un importantísimo porcentaje del total de accidentes laborales. Si a esto añadimos que en muchos de ellos se originan lesiones graves o incluso pueden tener consecuencias mortales, nos haremos una idea aproximada de la enorme importancia de estos sucesos en el ámbito de la seguridad y la salud laborales.

En salud laboral la conducción de vehículos forma parte de los protocolos de vigilancia de la salud que se aplican regularmente a conductores, carretilleros y resto de trabajadores que operan vehículos o equipos móviles de cualquier clase. A nuestro entender, y al de muchos especialistas incluyendo a la propia Autoridad Laboral, las tareas de conducción forman parte de las excepciones al carácter voluntario de los reconocimientos médicos señaladas en el artículo 22 de la Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales por tratarse de puestos de trabajo en los que el estado de salud del trabajador puede constituir un peligro para el mismo, para los demás trabajadores o para otras personas, tal como reza el citado artículo.


Existen en la red otros foros, como el de la Dirección General de Tráfico por ejemplo, donde estos temas de seguridad vial se tratan de manera mucho más extensa y exhaustiva que aquí. Permitidme sin embargo, que propongamos unos breves consejos de seguridad y salud, que acaso contribuyan a mejorar los hábitos de los conductores y aporten nuestro granito de arena al respeto por las medidas de seguridad y la mejora de las condiciones de los puestos de trabajo:

Medidas de seguridad imprescindibles:

Uso obligatorio e inexcusable del cinturón de seguridad. No sólo para el conductor del vehículo, sino también para los eventuales ocupantes del mismo.

Evitar durante la conducción cualquier elemento de distracción: uso de teléfonos y otros comunicadores, programación de GPS, sintonización de aparatos de radio o reproductores musicales, consumo de cigarrillos, etc.

Evitar la música a un volumen demasiado elevado que dificulte escuchar los sonidos del entorno o las señales acústicas de otros vehículos.

Por supuesto, deben cumplirse escrupulosamente todas las normas vigentes relativas a la conducción de vehículos.


Hábitos higiénico-dietéticos:

Deben evitarse las comidas copiosas. Durante el periodo de la digestión aumenta la somnolencia. Es preferible hacer cuatro o cinco comidas ligeras al día, que una o dos demasiado abundantes.

Está terminantemente prohibido el consumo de alcohol en cualquier cantidad durante la jornada laboral, así como de cualquier otra sustancia psicotrópica. Es necesaria una adecuada hidratación, mediante la ingesta frecuente de agua o bebidas refrescantes no alcohólicas.

La conducción de vehículos y el manejo de maquinaria peligrosa es incompatible con el consumo de ciertos medicamentos capaces de alterar el nivel de conciencia o producir somnolencia. Informa siempre al médico de cuál es tu puesto de trabajo antes de que extienda cualquier receta, y sigue en todo caso sus indicaciones.

Para afrontar una jornada laboral en condiciones físicas y psicológicas adecuadas, es imprescindible haber descansado bien y dormido durante suficientes horas. En caso de sensación de sueño, aparca el vehículo en un lugar autorizado y duerme el tiempo necesario. Es aconsejable realizar breves paradas de cinco o diez minutos, cada dos horas o dos horas y media de conducción.

Revisa tu tensión arterial con frecuencia y no olvides los exámenes periódicos de salud, que deben incluir entre otras pruebas, la evaluación de la capacidad auditiva y de la agudeza visual. En caso de detectar algún problema de visión, consulta con tu oftalmólogo a la mayor brevedad.

Condiciones ergonómicas del puesto de trabajo:

Las cabinas, asientos de conductor o puestos de operador, deben reunir unas condiciones mínimas que garanticen la comodidad del trabajador en permanencias prolongadas. No olvides ajustar la distancia del asiento, la altura del respaldo, etc., antes de iniciar la actividad.

Las condiciones de climatización del habitáculo deben ser adecuadas, garantizando una correcta ventilación a la vez que se eviten las corrientes de aire molestas o excesivas.

Realiza de forma frecuente estiramientos y ejercicios de relajación.

El consumo de alcohol puede producir amnesia y otros trastornos que en este momento no consigo recordar.

miércoles, 9 de agosto de 2023

JOHANNES TRITHEMIUS. POLYGRAPHIAE LIBRI SEX


 

El religioso alemán Johannes Trithemius, nacido en 1462, fue autor del primer libro impreso sobre criptografía, que se publicó en 1518, dos años después de su muerte, y llevaba el título de Polygraphiae Libri Sex, los seis libros de poligrafía. Se trata además de la primera obra en que la teoría matemática resulta de aplicación fundamental en la criptografía. Antes de Trithemius a menudo se recurría a la simple sustitución de los símbolos contenidos en los criptomensajes, sustituyendo o reemplazando simplemente unas letras por otras. Así por ejemplo, la palabra MAR quedaba convertida en NBS, mediante el sencillo procedimiento de sustituir cada letra por la que le sigue en el alfabeto. Naturalmente, de esta forma los mensajes resultaban fácilmente descifrables. A ello ayudaba el llamado análisis de frecuencias, un método vigente ya desde el siglo IX cuando el erudito árabe Al-Kindi lo dio a conocer. El método analiza las letras más frecuentes en los diferentes idiomas, por ejemplo, ETAOIN SHRDLU en el caso del inglés. Una información muy valiosa para analizar los códigos de sustitución.


El término cifrado alude a la sustitución de letras o palabras por números, una forma de encriptación también muy usual. Es posible asimismo utilizar una estadística más compleja empleando por ejemplo, combinaciones de pares de letras. En español, como en el resto de los idiomas derivados del latín, y como en la mayoría de los indoeuropeos, la Q aparece casi siempre seguida de la U. La Polygraphiae de Trithemius contiene cientos de columnas de palabras latinas dispuestas de dos en dos en cada página, y cada palabra equivale a una letra del alfabeto. La primera página comienza:

 

               

a: Deus      a: Clemens

               b: Creator         b: clementisimus

   c: conditor            c: pius

 

Para codificar mensajes se utiliza la palabra que sustituye a cada una de las letras. El hallazgo de Trithemius, más próximo a la gramática latina que propiamente al terreno de las matemáticas, fue construir tablas de equivalencia de tal manera que cualquiera de los pasajes codificados pudiera ser leído como una oración o unas frases con sentido por alguien que no estuviera en el secreto del código. Así, si las primeras letras del mensaje que se quisiera transmitir fueran CA, la oración comenzaría con las palabras Conditor clemens (Creador clemente o misericordioso), que pasaría por ser el comienzo de cualquier expresión piadosa. El resto de los libros que componen la obra contienen métodos y fórmulas más sofisticadas, junto a las respectivas tablas de equivalencia, para ocultar información de forma creativa.


También fue autor Johannes Trithemius de otra obra célebre, Steganographia, que aunque se escribió en 1499, no vio la luz hasta 1606, y formó parte de la larga lista de libros prohibidos por el santo tribunal eclesiástico. Era otro libro de códigos, pero se interpretó erróneamente como de magia negra porque incluía números que a los inquisidores se antojaron de la Cábala.

Fm qspgf Cjhpujñj, uvwp ef kpwfñ bgjdjpñ b ftubt upñufsjbt, es decir, el profe Bigotini tuvo de joven afición a estas tonterías, pero se le pasó con el tiempo, un médico capaz de curarlo todo.

 

Cada vez que me equivoco, descubro una verdad hasta entonces desconocida.


sábado, 5 de agosto de 2023

JERRY SIEGEL, JOE SHUSTER, SUPERMAN Y LA INJUSTICIA

 


Joe Shuster nació en Toronto en 1914. Ese mismo año nació en Cleveland Jerry Siegel. Ambos eran hijos de inmigrantes judíos. La familia de Joe se mudó a Cleveland cuando el chico tenía diez años, y allí en el barrio judío, conoció a Jerry. Desde entonces serían amigos inseparables. Los dos se aficionaron muy pronto a las tiras cómicas, y comenzaron a dibujar, primero como un pasatiempo y más tarde ya con aspiraciones profesionales. También les apasionaba la ciencia ficción, y las primeras historietas que consiguieron vender y ver publicadas fueron de esa temática. Se las compró la National Allied Publications, una modestísima editorial neoyorquina que en lugar de posicionar sus productos en los diarios de información general, apostó por editar sus propios álbumes de cómics, más bien cuadernillos baratos impresos en papel de baja calidad y con incipientes colores que muy a menudo aparecían con las tintas corridas o los bordes mal definidos. El caso es que la idea triunfó entre la chiquillería, y la editorial creció hasta convertirse en Detective Comics, Inc., o DC Comics como se conoce abreviadamente, una cabecera mítica destinada a hacer historia.


Siegel como guionista y Shuster como dibujante llevaban desde 1933 trabajando en una serie que titularon Superman, y que habían intentado vender sin éxito a diversas publicaciones. Fue en 1938 cuando DC Comics se interesó por el personaje, compró los derechos de la serie por unos raquíticos 130 dólares, y contrató a la pareja de autores como empleados que se hicieran cargo de las historietas durante unos años. Cuando los USA entraron en la Segunda Guerra Mundial, Jerry Siegel fue movilizado y destinado a Honolulu. Sin sus guiones la serie decayó un tanto, y a su vuelta encontró que la compañía, sin consultar a ninguno de los dos, había publicado un álbum de Superboy, un personaje que ellos aún no habían vendido.

El episodio inauguró un periodo de desencuentros entre los autores y DC Comics. Siegel y Shuster fueron despedidos y en las sucesivas querellas judiciales salieron perdiendo. Superman, la serie que habían creado, fue adquiriendo en la industria el peso y la importancia que todos conocemos, mientras sus creadores malvivieron pudiendo mantenerse a duras penas. Shuster falleció en 1992 prácticamente en la indigencia, mientras que Siegel consiguió hacer valer sus derechos de propiedad intelectual tras el éxito de las versiones cinematográficas de Superman en los ochenta. Murió en 1996. Abajo os dejamos unas cuantas páginas y viñetas obra de la pareja.

Como curiosidad diremos que Shuster se basó en la personalidad del cómico Harold Lloyd para dibujar a Clark Kent, y en la de Douglas Fairbanks, entonces exitoso héroe de películas de acción, para la del transformado Superman. La ciudad imaginaria de Metrópolis, donde discurre la acción del tebeo, pretendía imitar la fisonomía urbana de su Toronto natal, que de niño le impresionó con sus incipientes rascacielos. Téngase presente que la canadiense Toronto de principios de siglo era un poco el equivalente de la Chicago estadounidense. El diario donde trabajaba Kent como periodista, The Daily Planet, fue en los primeros episodios el Daily Star, nombre de uno de los periódicos locales de Toronto. Por último, para dibujar a Lois Lane, la eterna novia del héroe, Siegel y Shuster contrataron a Joanne Carter, una modelo profesional que acabó convirtiéndose en la segunda esposa de Jerry Siegel.
















miércoles, 2 de agosto de 2023

NATALIE WOOD. DE NIÑA A MUJER

 



Como en aquella canción tan ñoña de Julio Iglesias, Natalie Wood pasó de niña a mujer ante los expectantes ojos de millones de admiradores que seguían su trayectoria. En Milagro en la calle 43 fue una niña angelical, la hijita de Maureen O’Hara en aquella comedia navideña. Antes de eso su madre la había paseado de estudio en estudio y de plató en plató hasta que un productor cansado ya de que la mamá le diera la lata, la incluyó en su primer reparto. En Centauros del desierto fue la niña raptada por los comanches y adolescente recobrada por su incansable tío Etham. En Rebelde sin causa fue otra adolescente un poquito más precoz.

A diferencia de muchos otros niños y niñas prodigio, logró pasar el corte con solvencia, y en los sesenta hizo protagonistas asombrosas como la chica espléndida de Esplendor en la hierba, junto a Warren Beaty, o la encantadora e inolvidable María de West side story.

Su vida personal fue ya otra cosa mucho más sórdida. El pernicioso cocktail de alcohol y barbitúricos responsable de tantas miserias que azotaron a las estrellas de su tiempo, hizo estragos en su matrimonio con Robert Wagner y en su arruinada felicidad. Su trágica muerte, ahogada al caer por la borda de un yate de recreo durante una noche de borrachera, fue investigada  en su momento por la policía que jamás pudo probar la culpabilidad de Wagner. Para recordarla, os invitamos a ver un interesante documental biográfico. Clic en este enlace: 

https://www.youtube.com/watch?v=-qA82tlsCiQ

Próxima entrega: Montgomery Clift


sábado, 29 de julio de 2023

EL IMPERIO DESPUÉS DE CONSTANTINO. LUCHAS Y APOSTASÍAS

 


Constantino, tras haber hecho un gran esfuerzo por reconstruir el Imperio, incomprensiblemente lo dividió en su testamento en cinco partes. Fueron sus herederos tres de sus hijos, Constantino, Constancio y Constante, y sus sobrinos nietos Delmacio y Anibaliano. Estos dos últimos serían los primeros en sucumbir en las luchas por el poder que se desataron. Apenas nacida, Constantinopla se cubrió de sangre inaugurando en cierto modo una etapa histórica de crueldad y salvajismo. En la pugna por el poder que protagonizaron aquellos tres vástagos de Constantino cuyos nombres similares componen un notable trabalenguas histórico, terminó triunfando Constancio a quien conocemos como Constancio II para diferenciarlo de aquel primer Constancio Cloro de rostro palidísimo. Nadie piense que lo consiguió a base de inteligencia y habilidad política. Al contrario, Constancio se alzó con el poder manu militari, mostrándose más salvaje y más cruel que sus hermanos.



Constancio no era un general brillante. Ni siquiera un estadista notable. Al parecer era un tipo taciturno, solitario, melancólico y receloso, carente de vicios y de debilidades. Ciertos historiadores anglosajones, acaso influidos por la leyenda negra que sus mayores adjudicaron a España, le han comparado con Felipe II. Tuvo tres esposas y ninguna de ellas satisfizo sus deseos de tener un heredero. Así que no le quedaron más opciones que sus dos hermanastros, Galo y Juliano, que Constantino había tenido de Basilina, su última mujer. Como eran todavía unos niños, se libraron de las matanzas del 337. Los dos muchachos vivían en una aldea perdida de Capadocia al cuidado de un obispo arriano de nombre Eusebio que los crió con una disciplina que rayaba el sadismo. Constancio eligió en primer lugar a Galo, el hermano mayor, y hasta le dio por esposa a una de sus hijas, es decir, a una sobrina llamada Constantina. Galo, investido con el título de César, reinó en Antioquía por un breve periodo, pero quizá influido por la violencia que le tocó sufrir durante toda su vida, consideró que el gobierno consistía en una sucesión de conjuras, torturas y ejecuciones, así que Constancio tuvo que darle pasaporte para el otro barrio. Posiblemente haciéndolo obró con cordura, pero se quedó otra vez sin heredero.


A Juliano, el hermano pequeño, lo encerró bajo siete llaves sospechándole cómplice de su difunto hermano. Era sin embargo, la última esperanza de sucesión, el último descendiente de Constantino que quedaba con vida, de manera que haciendo de la necesidad virtud, le nombró César y heredero. Juliano era un joven versado en filosofía y literatura, pero muy pronto demostró que también sabía gobernar y sobre todo guerrear, cualidad fundamental e imprescindible en aquel tiempo de inciertas fronteras. Marchó con sus tropas al Rin donde aniquiló a las hordas francas y germanas que se habían atrevido a cruzarlo. Lo hizo tan bien y tan a gusto de los legionarios, que los soldados exaltados por la victoria, le aclamaron como Augusto por las bravas, algo que en las últimas décadas se había convertido en una costumbre. Juliano se apresuró a escribir a Constancio asegurándole que todo aquello era una locura a la que él era ajeno por completo. No queda claro si Constancio le comprendió o ni siquiera si le contestó. En cualquier caso, uno y otro estaban ya embarcados en una guerra en la que ambos avanzaban con sus ejércitos para encontrase a medio camino. La batalla nunca llegó a librarse porque Constancio murió en el viaje. Sus generales abrieron el testamento y vieron con sorpresa que a pesar de todo, el viejo emperador había designado único heredero a aquel al que se dirigían a combatir. Juliano ascendió al trono del Imperio con grandes fastos, y tributó solemnes exequias a su antecesor.


La historia conoce a Juliano con el epíteto de apóstata. No queda sin embargo del todo claro que en realidad lo fuera. En lo personal era un agnóstico como probablemente lo fueron la gran mayoría de emperadores que le precedieron y sucedieron. En cuanto a su política, la enfocó en gran medida a combatir los privilegios y la enorme influencia que los obispos cristianos habían adquirido en las décadas anteriores. El Imperio, degradado y medievalizado, se hallaba fraccionado en una multitud de ciudades y territorios en los que la jerarquía eclesiástica había sustituido y continuaba haciéndolo a las escasas y en ocasiones inexistentes autoridades imperiales. Naturalmente, los obispos y los cristianos en general se opusieron frontalmente a la política de Juliano. Pero a la vez, muchos de quienes practicaban todavía la antigua religión, y muchas gentes de otros credos le apoyaron, provocando un sinfín de luchas ya no simplemente políticas, sino violentas, que se tradujeron en abundante derramamiento de sangre desde Finisterre al mar Rojo.

Fue precisamente muy cerca de aquel mar y de aquellas tierras orientales donde Juliano el apóstata encontró la muerte que le alcanzó mediante un dardo disparado por la caballería persa. Corría el año 363. En caso de que el arquero hubiera fallado el tiro, probablemente le habrían asesinado sus propios legionarios desmoralizados y calcinados por el ardiente sol del desierto. Parece anécdota apócrifa y poco creíble que Juliano, instantes antes de exhalar su último aliento, se llevara la mano a la herida y al hallarla empapada de sangre, exclamara entre dientes: ¡Venciste, Galileo!

-Buenas noticias, señora. La operación de su marido ha salido tal como estaba previsto.

-¿Volverá a tocar la armónica?

-Señora, en la puta vida.

-¡Gracias a Dios!


jueves, 27 de julio de 2023

GONZALO FERNÁNDEZ DE OVIEDO, SERVIDOR DE PRÍNCIPES


 

Nacido en Madrid en 1478, Gonzalo Fernández de Oviedo pertenecía a una familia asturiana de noble linaje en la que abundaron hidalgos y hasta bastardos de reyes, que no se puede pedir más. Siendo todavía un niño, Gonzalo entró en el servicio y casa del duque de Villahermosa, precisamente hermano bastardo de Fernando el Católico, y al cumplir los trece años pasó a ser mozo de cámara del príncipe don Juan. Fue en su infancia testigo de importantes acontecimientos como la rendición de Granada o el regreso de Colón de su primer viaje. Compartió juegos con los hijos del genovés que también servían como pajes del príncipe, una vida regalada y henchida de promesas cortesanas. Pero todo aquello se truncó bruscamente con la muerte del infante en 1497. Abandonó entonces Gonzalo la corte para marchar a Italia, a Milán, al servicio de Ludovico Sforza, el Moro, como era conocido, uno de los príncipes más poderosos de la Europa de su tiempo. El joven conoció y trató por entonces a gigantes del arte como Leonardo de Vinci o Andrea Mantegna. Juan de Borja, o Borgia, lo tomó luego a su servicio, recorrió con él Italia, y en 1500 pasó a Nápoles sirviendo a su legendario rey don Fadrique.


Cruzando el estrecho de Mesina, entabló amistad en Sicilia con su tocayo Gonzalo Fernández de Córdoba, el mítico Gran Capitán. Tras la conquista de Tarento, el de Córdoba hizo prisionero al duque de Calabria, y encargó a Gonzalo su custodia y servicio. De vuelta en Madrid, y siempre bajo la protección del Gran Capitán y del mismo emperador, fue nombrado notario del reino y del consejo de la Santa Inquisición. Se casó dos veces, en 1506 con Margarita de Vergara, que falleció al poco tiempo, y en 1508 con Catalina Rivafecha. En 1513 viajó a las Indias en la expedición de Pedrarias Dávila, que fue gobernador de la panameña Castilla del Oro. Allí Gonzalo ejerció como jurista, como notario de minas e del crimen, una especie de juez supremo, y como cronista.

Precisamente su faceta de cronista lo trae hoy a nuestro Bigotini literario en su calidad de escritor. Gonzalo Fernández de Oviedo fue autor del Sumario de la natural historia de las Indias, y de su Historia general y natural de las Indias, islas y tierra firme del mar océano, obras ambas en las que muestra gran erudición y ágil prosa. Son las dos imprescindibles para conocer y profundizar no solo en los acontecimientos históricos de que fue testigo directo o tuvo noticia fehaciente, sino de muchos aspectos de la flora, la fauna, la naturaleza de sus habitantes y sus costumbres, un tesoro para historiadores y estudiosos. Compuso también una obra genealógica: Quinquagenas de los Reyes, Duques, Caballeros y personas notables de España, también llamada Quinquagena de la nobleza de España. En su Libro de la cámara real del príncipe don Juan e officios de su casa e servicio ordinario, hace Fernández una descripción impagable de la vida y costumbres palaciegas de su tiempo. A su pluma se debe también un Libro de los infortunios y naufragios, un Libro de blasón, un Catálogo real de Castilla, su Relación de lo sucedido en la prisión del rey Francisco de Francia, su Libro de linajes y de armas, y hasta una espléndida traducción al castellano del Laberinto de amor de Giovanni Boccaccio. Como pionero de la arqueología, estudió algunas inscripciones y ruinas romanas aparecidas en Madrid.



Aunque en su edad madura, acaso influido por el erasmismo, como lo estaría más tarde Miguel de Cervantes, renegó Fernández de Oviedo de los libros de caballerías, que llegó a tachar de perniciosos, en su juventud fue autor del Libro del muy esforçado e invencible caballero de la fortuna propiamente llamado Don Claribalte, que se editó en Valencia en 1519 con dedicatoria a su señor de entonces, el duque de Calabria, y que hasta el mismo Cervantes tuvo como estimable lectura. Es la obra que nuestra biblioteca Bigotini os brinda hoy al alcance de un clic que puede hacerse sobre el enlace que aparece más abajo. Disfruten chicos y grandes el sabor renacentista de la prosa de Gonzalo Fernández de Oviedo, que sirvió a grandes señores y también a la literatura en castellano.

 

https://www.dropbox.com/home/Profesor%20Bigotini?preview=Libro+del+muy+esfor%C3%A7ado+cavallero+de+la+Fortuna++llamado+don.pdf

Se llama matrimonio de conveniencia al que contraen dos personas que no se convienen en absoluto. Oscar Wilde.