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sábado, 7 de noviembre de 2026

JACK LONDON, UNA AVENTURA LITERARIA

 


John Griffith Chaney que adoptó desde muy joven el seudónimo de Jack London, nació en la californiana ciudad de San Francisco en 1876. Le crió su madre, Flora Wellman. Aunque sus biógrafos no terminan de ponerse de acuerdo en ese punto, posiblemente Jack fue hijo de William Chaney, a quien los especialistas consideran el último astrólogo que se tomó en serio su ciencia, cuando ya la astrología se estaba convirtiendo en el refugio de charlatanes redactores de horóscopos para las páginas dominicales de los diarios. Chaney siempre negó a Jack su paternidad, y las hipotéticas pruebas documentales de su matrimonio o su relación con Flora Wellman, así como la partida de nacimiento de Jack, se perdieron durante el célebre terremoto de San Francisco de 1906. No obstante, Chaney se refiere en sus memorias a Flora como su esposa, y existe algún documento en que ella firmaba como Florence Wellman Chaney.


El joven Jack London asistió brevemente en San Francisco a la escuela primaria, pero abandonó muy pronto esos estudios. Su educación fue por completo autodidacta, leyendo muchos de los libros de la biblioteca pública, sobre todo novelas. London atribuyó años más tarde la inspiración para dedicarse a la literatura a la lectura de la novela Signa, obra de la escritora Marie Louise Ramé, más conocida como Ouida. En ella un joven campesino italiano sin estudios llega a convertirse en un gran compositor de ópera.

Jack London tuvo una juventud y una vida aventurera. En 1893 se embarcó hacia el Japón en la goleta Sophia Sutherland. A su vuelta, encontró su país en medio de una gran depresión y azotado por disturbios laborales. Trabajó de forma agotadora en un molino de yute y en una de las primeras centrales eléctricas alimentadas por carbón. En 1894 se unió a la Kelly’s industrial army, una marcha de obreros en paro hacia Washington. Malvivió varios meses como un vagabundo, cometió algunos delitos menores, y fue encarcelado en la penitenciaría Erie County de Buffalo, donde vivió experiencias de degradación humana que siempre se resistió a detallar. Volvió después al vagabundeo y se hizo a la mar en varios navíos, hasta que de regreso a América, fue admitido en un instituto de Oakland a pesar de ser ya algo mayor para esos estudios. En 1896 logró ingresar en la Universidad de California, donde permaneció sólo unos meses al no poder pagarse los estudios. Nunca llegó a graduarse.


Probablemente fue en el instituto de Oakland, la Oakland High School, donde escribió Tifón en la costa del Japón, considerado su primer relato, que apareció en la revista del instituto y se reeditó años más tarde.

En 1899 le encontramos trabajando dieciocho horas diarias en una fábrica conservera. Obtuvo entonces un préstamo de Jennie Prentiss, una viuda que le adoptó legalmente, aunque quizá la adopción encubría una relación entre ambos. Con aquel dinero adquirió una goleta, la Razzle-Dazzle, dedicándose a la pesca ilegal de ostras con un viejo pirata llamado Frenchy Frank, a quien abandonó llevándose a su amante, Mamie. El episodio quedó plasmado en su relato autobiográfico John Barleycorn. Tras un naufragio que estuvo a punto de costarle la vida, perdió la goleta y se enroló en La Patrulla Pesquera de California, una especie de policía marítima dedicada precisamente a perseguir las pesquerías ilegales.


Jack London se afilió al Partido Socialista en 1901. Participó en huelgas, conferencias y mítines, siendo arrestado en alguna ocasión. Se presentó dos veces a la elección de la alcaldía de Oakland, siendo las dos veces derrotado. Sus opiniones sobre los inmigrantes chinos que llegaron por miles a California, y sobre los negros, son decididamente racistas. Como aficionado y cronista de boxeo, escribió artículos ofensivos sobre Jack Johnson el campeón negro que en 1910 se alzó con el título mundial. London sucumbió a la fiebre del oro, marchó a Klondike como otros miles de ilusos, y como ellos sufrió la desilusión de la miseria y el hambre. Padeció escorbuto y perdió entre la nieve y el fango sus cuatro dientes incisivos. Le socorrió un religioso, el padre William Judge a quien llamaban el santo de Dawson, facilitándole cobijo, alimentos y algunas medicinas.

Se casó con Bessie Maddern que fue para él más una amiga y compañera que una amante, y quien le dio a sus dos hijas. Mantuvo a la vez una relación amorosa con Anna Strunsky, a quien describió como una loca, lasciva criatura, maravillosa, inmoral y llena de vida hasta el borde. Bessie fue una buena madre y un gran apoyo literario que le ayudó a corregir sus primeros escritos. London tenía una ortografía muy descuidada. Se divorciaron a los cuatro años de matrimonio.


En cuanto a su obra literaria, Jack London fue un escritor no fácil de encuadrar en cualquier movimiento concreto. Tiene influencia del Romanticismo porque a esa corriente y a esa época pertenecían la mayor parte de sus lecturas. Evolucionó después hacia el Realismo y el Naturalismo en un formato muy personal. En cuanto a los temas que trató en sus narraciones, fueron casi siempre fruto de sus experiencias personales y su vida aventurera. Sus primeras publicaciones como escritor profesional coincidieron con el nacimiento de una industria editorial que en el ámbito anglosajón contó con un número creciente de lectores, y cuyos éxitos se tradujeron pronto a otros idiomas y gozaron de gran difusión también en la Europa continental. Al decir de sus biógrafos, London se planteó muy pronto la escritura como un medio de ganar dinero, no difiriendo en ello con la gran mayoría de sus compatriotas en aquella América de las oportunidades y el culto al dólar. Su producción literaria fue extensa e irregular, no limitándose a la novela, e incluyendo el ensayo, el teatro, el reportaje periodístico y hasta la poesía. No dudó en recurrir al plagio en más de una ocasión, viéndose envuelto por ello en polémicas y acusaciones diversas.

 

Falleció el autor en 1916, a los cuarenta años. Hubo rumores de alcoholismo y de suicidio, probablemente fruto de los numerosos suicidios descritos en sus narraciones más célebres. Pero lo más probable es que muriera por uremia consecuencia de una insuficiencia renal, acaso agravada por el consumo de opiáceos para aliviar el dolor. Entre sus narraciones más notables y reeditadas cabe citar La llamada de la selva, La gente del abismo, El lobo de mar, Colmillo blanco, Encender una hoguera o Martin Eden. Algunas de ellas se han llevado al cine, y de otras se han realizado adaptaciones para niños que forman parte de lo que un tiempo se dio en llamar clásicos juveniles. Bigotini se complace en rescatar de su estrafalaria biblioteca la versión digital de El diente de ballena, una narración breve de la que puede disfrutar el lector haciendo clic en este enlace:

https://www.dropbox.com/home/Profesor%20Bigotini?preview=El+diente+de+ballena.pdf

En un cestito y siempre a la mano, llevaba un diente de ballena…


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