John
Griffith Chaney que adoptó desde muy joven el seudónimo de Jack
London, nació en la californiana ciudad de San Francisco en
1876. Le crió su madre, Flora Wellman. Aunque sus biógrafos no terminan de
ponerse de acuerdo en ese punto, posiblemente Jack fue hijo de William Chaney,
a quien los especialistas consideran el último astrólogo que se tomó en serio
su ciencia, cuando ya la astrología se estaba convirtiendo en el refugio de
charlatanes redactores de horóscopos para las páginas dominicales de los
diarios. Chaney siempre negó a Jack su paternidad, y las hipotéticas pruebas
documentales de su matrimonio o su relación con Flora Wellman, así como la
partida de nacimiento de Jack, se perdieron durante el célebre terremoto de San
Francisco de 1906. No obstante, Chaney se refiere en sus memorias a Flora como
su esposa, y existe algún documento en que ella firmaba como Florence Wellman
Chaney.
El
joven Jack London asistió brevemente en San Francisco a la escuela primaria, pero
abandonó muy pronto esos estudios. Su educación fue por completo autodidacta,
leyendo muchos de los libros de la biblioteca pública, sobre todo novelas.
London atribuyó años más tarde la inspiración para dedicarse a la literatura a
la lectura de la novela Signa, obra
de la escritora Marie Louise Ramé, más conocida como Ouida. En ella un joven
campesino italiano sin estudios llega a convertirse en un gran compositor de
ópera.
Jack
London tuvo una juventud y una vida aventurera. En 1893 se embarcó hacia el
Japón en la goleta Sophia Sutherland. A su vuelta, encontró su país en medio de
una gran depresión y azotado por disturbios laborales. Trabajó de forma
agotadora en un molino de yute y en una de las primeras centrales eléctricas
alimentadas por carbón. En 1894 se unió a la Kelly’s industrial army, una
marcha de obreros en paro hacia Washington. Malvivió varios meses como un
vagabundo, cometió algunos delitos menores, y fue encarcelado en la
penitenciaría Erie County de Buffalo, donde vivió experiencias de degradación
humana que siempre se resistió a detallar. Volvió después al vagabundeo y se
hizo a la mar en varios navíos, hasta que de regreso a América, fue admitido en
un instituto de Oakland a pesar de ser ya algo mayor para esos estudios. En
1896 logró ingresar en la Universidad de California, donde permaneció sólo unos
meses al no poder pagarse los estudios. Nunca llegó a graduarse.
Probablemente
fue en el instituto de Oakland, la Oakland High School, donde escribió Tifón en la costa del Japón, considerado
su primer relato, que apareció en la revista del instituto y se reeditó años
más tarde.
En
1899 le encontramos trabajando dieciocho horas diarias en una fábrica
conservera. Obtuvo entonces un préstamo de Jennie Prentiss, una viuda que le
adoptó legalmente, aunque quizá la adopción encubría una relación entre ambos.
Con aquel dinero adquirió una goleta, la Razzle-Dazzle, dedicándose a la pesca
ilegal de ostras con un viejo pirata llamado Frenchy Frank, a quien abandonó
llevándose a su amante, Mamie. El episodio quedó plasmado en su relato
autobiográfico John Barleycorn. Tras
un naufragio que estuvo a punto de costarle la vida, perdió la goleta y se
enroló en La Patrulla Pesquera de California, una especie de policía marítima
dedicada precisamente a perseguir las pesquerías ilegales.
Jack
London se afilió al Partido Socialista en 1901. Participó en huelgas,
conferencias y mítines, siendo arrestado en alguna ocasión. Se presentó dos
veces a la elección de la alcaldía de Oakland, siendo las dos veces derrotado. Sus
opiniones sobre los inmigrantes chinos que llegaron por miles a California, y
sobre los negros, son decididamente racistas. Como aficionado y cronista de
boxeo, escribió artículos ofensivos sobre Jack Johnson el campeón negro que en
1910 se alzó con el título mundial. London sucumbió a la fiebre del oro, marchó
a Klondike como otros miles de ilusos, y como ellos sufrió la desilusión de la
miseria y el hambre. Padeció escorbuto y perdió entre la nieve y el fango sus
cuatro dientes incisivos. Le socorrió un religioso, el padre William Judge a
quien llamaban el santo de Dawson, facilitándole cobijo, alimentos y algunas
medicinas.
Se
casó con Bessie Maddern que fue para él más una amiga y compañera que una
amante, y quien le dio a sus dos hijas. Mantuvo a la vez una relación amorosa
con Anna Strunsky, a quien describió como una
loca, lasciva criatura, maravillosa, inmoral y llena de vida hasta el borde.
Bessie fue una buena madre y un gran apoyo literario que le ayudó a corregir
sus primeros escritos. London tenía una ortografía muy descuidada. Se
divorciaron a los cuatro años de matrimonio.
En
cuanto a su obra literaria, Jack London fue un escritor no fácil de encuadrar
en cualquier movimiento concreto. Tiene influencia del Romanticismo porque a
esa corriente y a esa época pertenecían la mayor parte de sus lecturas.
Evolucionó después hacia el Realismo y el Naturalismo en un formato muy
personal. En cuanto a los temas que trató en sus narraciones, fueron casi
siempre fruto de sus experiencias personales y su vida aventurera. Sus primeras
publicaciones como escritor profesional coincidieron con el nacimiento de una
industria editorial que en el ámbito anglosajón contó con un número creciente
de lectores, y cuyos éxitos se tradujeron pronto a otros idiomas y gozaron de
gran difusión también en la Europa continental. Al decir de sus biógrafos,
London se planteó muy pronto la escritura como un medio de ganar dinero, no
difiriendo en ello con la gran mayoría de sus compatriotas en aquella América
de las oportunidades y el culto al dólar. Su producción literaria fue extensa e
irregular, no limitándose a la novela, e incluyendo el ensayo, el teatro, el
reportaje periodístico y hasta la poesía. No dudó en recurrir al plagio en más
de una ocasión, viéndose envuelto por ello en polémicas y acusaciones diversas.
Falleció el autor en 1916, a los cuarenta años. Hubo rumores de alcoholismo y de suicidio, probablemente fruto de los numerosos suicidios descritos en sus narraciones más célebres. Pero lo más probable es que muriera por uremia consecuencia de una insuficiencia renal, acaso agravada por el consumo de opiáceos para aliviar el dolor. Entre sus narraciones más notables y reeditadas cabe citar La llamada de la selva, La gente del abismo, El lobo de mar, Colmillo blanco, Encender una hoguera o Martin Eden. Algunas de ellas se han llevado al cine, y de otras se han realizado adaptaciones para niños que forman parte de lo que un tiempo se dio en llamar clásicos juveniles. Bigotini se complace en rescatar de su estrafalaria biblioteca la versión digital de El diente de ballena, una narración breve de la que puede disfrutar el lector haciendo clic en este enlace:
https://www.dropbox.com/home/Profesor%20Bigotini?preview=El+diente+de+ballena.pdf
En un cestito y siempre a la mano, llevaba un diente de ballena…




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