Giacomo
de Ponte, más conocido como Jacopo Bassano
por el lugar de su nacimiento (Bassano del Grappa) en 1515, fue acaso el último
de los maestros de la escuela veneciana del XVI. Su padre, Francesco Bassano el
viejo, tuvo fama de artista aldeano por ser el primero en introducir en sus
pinturas de tema religioso detalles realistas que incluyeron paisajes, granjas
y animales. Manierista como su padre, pero muy a su peculiar manera, Jacopo Bassano
tuvo además influencias de Tintoretto y de Lotto. Fue creador de una escuela
cuyos más destacados miembros fueron sus propios hijos, Francesco y Leandro. Su
estilo se caracteriza por el especial tratamiento de la luz y las sombras, y la
reiteración de sus temas bucólicos de pastores y animales presentados con
decidido naturalismo. No sólo vacas, perros, ovejas o caballos, sino animales
mucho más exóticos que plasmó en sus varias versiones del Arca de Noé, aparecen
en la pintura de Bassano con un realismo inédito hasta entonces. Demuestra el
artista un profundo conocimiento de la anatomía animal inusual en su tiempo.
Tal
fue la importancia que adquirieron estos elementos en sus obras, que acabaron
por convertirse en el tema principal, siendo los episodios bíblicos y
religiosos a veces una mera excusa para pintar toda clase de criaturas. Realizó
series de las cuatro estaciones, de los trabajos agrícolas, de la entrada en el
Arca de Noé… Sus obras parecen recordar el aroma del heno, de los árboles, el
olor de las bestias, su pelaje… Ese naturalismo fue tildado de materialista y
duramente criticado por los románticos del XIX. Por ejemplo, Théophile Gautier
escribe en su Viaje a Italia que le
horrorizan los cuadros de los Bassano, y los califica de “aburrida pintura de pacotilla”.
Modernamente
esa opinión ha cambiado radicalmente. Los Bassano representan la tendencia de
su época en literatura y hasta en música. En el Cinquecento ya no se escribían
grandes epopeyas como el Orlando furioso
de Ariosto; a fines del siglo XVI en Italia se leía la Arcadia de Sannazaro, y en España la Diana de Jorge de Montemayor que inspiró a Cervantes su Galatea. La primera edición de la Arcadia se imprimió precisamente en
Venecia. En definitiva, Jacopo Bassano y sus hijos fueron autores de églogas
sobre lienzos muy del gusto de sus contemporáneos. Personalmente la pintura de
Bassano me parece admirable por su técnica, por su perfecto conocimiento de la
anatomía tanto animal como humana, y por su uso del claroscuro que preludia a
talentos como el de un Caravaggio y hasta un Velázquez. No puedo evitar, sin
embargo, hallar en sus composiciones un punto de comicidad que se manifiesta en
cuadros de tema religioso como La
presentación de Jesús en el Templo o San
Valentín bautizando a santa Lucilla, en los que una abigarrada colección de
personajes secundarios plasmados con innegable maestría, no hacen el menor caso
al acontecimiento prodigioso, y continúan tranquilamente con sus labores. En la
galería Bigotini de aquí abajo podéis ver varios ejemplos.
El
artista falleció en su localidad natal en 1592. En su autorretrato ya viejo
aparece con gesto adusto. No debía tener muy buen carácter, pues al parecer se
enemistó con Tiziano que lo plasmó en un cuadro como uno de los mercaderes que
Jesucristo expulsó del Templo.






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