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jueves, 15 de octubre de 2026

JACOPO BASSANO. UNA ARCADIA EN VENECIA

 


Giacomo de Ponte, más conocido como Jacopo Bassano por el lugar de su nacimiento (Bassano del Grappa) en 1515, fue acaso el último de los maestros de la escuela veneciana del XVI. Su padre, Francesco Bassano el viejo, tuvo fama de artista aldeano por ser el primero en introducir en sus pinturas de tema religioso detalles realistas que incluyeron paisajes, granjas y animales. Manierista como su padre, pero muy a su peculiar manera, Jacopo Bassano tuvo además influencias de Tintoretto y de Lotto. Fue creador de una escuela cuyos más destacados miembros fueron sus propios hijos, Francesco y Leandro. Su estilo se caracteriza por el especial tratamiento de la luz y las sombras, y la reiteración de sus temas bucólicos de pastores y animales presentados con decidido naturalismo. No sólo vacas, perros, ovejas o caballos, sino animales mucho más exóticos que plasmó en sus varias versiones del Arca de Noé, aparecen en la pintura de Bassano con un realismo inédito hasta entonces. Demuestra el artista un profundo conocimiento de la anatomía animal inusual en su tiempo.

Tal fue la importancia que adquirieron estos elementos en sus obras, que acabaron por convertirse en el tema principal, siendo los episodios bíblicos y religiosos a veces una mera excusa para pintar toda clase de criaturas. Realizó series de las cuatro estaciones, de los trabajos agrícolas, de la entrada en el Arca de Noé… Sus obras parecen recordar el aroma del heno, de los árboles, el olor de las bestias, su pelaje… Ese naturalismo fue tildado de materialista y duramente criticado por los románticos del XIX. Por ejemplo, Théophile Gautier escribe en su Viaje a Italia que le horrorizan los cuadros de los Bassano, y los califica de “aburrida pintura de pacotilla”.

Modernamente esa opinión ha cambiado radicalmente. Los Bassano representan la tendencia de su época en literatura y hasta en música. En el Cinquecento ya no se escribían grandes epopeyas como el Orlando furioso de Ariosto; a fines del siglo XVI en Italia se leía la Arcadia de Sannazaro, y en España la Diana de Jorge de Montemayor que inspiró a Cervantes su Galatea. La primera edición de la Arcadia se imprimió precisamente en Venecia. En definitiva, Jacopo Bassano y sus hijos fueron autores de églogas sobre lienzos muy del gusto de sus contemporáneos. Personalmente la pintura de Bassano me parece admirable por su técnica, por su perfecto conocimiento de la anatomía tanto animal como humana, y por su uso del claroscuro que preludia a talentos como el de un Caravaggio y hasta un Velázquez. No puedo evitar, sin embargo, hallar en sus composiciones un punto de comicidad que se manifiesta en cuadros de tema religioso como La presentación de Jesús en el Templo o San Valentín bautizando a santa Lucilla, en los que una abigarrada colección de personajes secundarios plasmados con innegable maestría, no hacen el menor caso al acontecimiento prodigioso, y continúan tranquilamente con sus labores. En la galería Bigotini de aquí abajo podéis ver varios ejemplos.

El artista falleció en su localidad natal en 1592. En su autorretrato ya viejo aparece con gesto adusto. No debía tener muy buen carácter, pues al parecer se enemistó con Tiziano que lo plasmó en un cuadro como uno de los mercaderes que Jesucristo expulsó del Templo.



















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