
Las
Salmonella
son bacilos Gram negativos (es decir,
no se colorean con la tinción de Gram), pertenecientes a la gran familia de las
Enterobacterias,
que se encuentran casi siempre asociadas a la flora intestinal de los animales
vertebrados, sobre todo de las aves tanto silvestres como domésticas.
Recibieron su nombre latinizado del veterinario norteamericano Daniel E. Salmon
a principios del pasado siglo. El género comprende varios miles de especies, no
todas necesariamente patógenas. Las que ahora nos interesan pueden causar dos
cuadros bien diferenciados: las fiebres
tifoideas y las salmonelosis
entéricas o no tifoideas.

La
enfermedad es de predominio febril con escalofríos, cefalea, náuseas, anorexia,
tos y trastornos digestivos. Aparecen unas máculo-pápulas rojas, la típica roseola tifoidea,
generalmente en el pecho. En los casos más severos hay compromiso hepático,
cardiaco, delirios y coma. También pueden complicarse con hemorragias y
perforaciones intestinales.
En
la era preantibiótica la mortalidad alcanzaba hasta el 15%. Los diferentes
tratamientos antibióticos ensayados a lo largo de los años han ido perdiendo
eficacia por la aparición de cepas microbianas resistentes. Actualmente están
indicadas las cefalosporinas:
ciprofloxacino
en dosis de 500 mg cada 12 horas, durante 10 días.

El
síntoma principal es en estos casos la diarrea, que suele aparecer entre 6 y 48
horas después de la ingestión del alimento contaminado, y se acompaña de
náuseas, vómitos, dolor abdominal intenso y fiebre. Cuando no existe sospecha
de toxiinfección alimentaria, el cuadro puede tomarse por una apendicitis,
siendo relativamente frecuentes las intervenciones quirúrgicas innecesarias. La
fiebre suele remitir en 72 horas, y el resto de los síntomas en unos pocos
días. No obstante, existen casos graves con pronóstico sombrío, sobre todo en
niños, ancianos, enfermos crónicos o pacientes inmunodeprimidos.
El
tratamiento debe limitarse en la mayor parte de casos a la rehidratación y el
reposo. Los antibióticos se reservarán para posibles complicaciones
infecciosas, como endocarditis o endoarteritis bacterianas.
Digamos
como curiosidad que uno de cada cien pacientes dados de alta se convierte en
portador crónico, siendo sus heces reservorio del bacilo a veces durante toda la vida. Hubo en Estados
Unidos un caso célebre, el de Mary Mallon, llamada typhoid Mary (Mary la tifosa), una cocinera de origen irlandés,
primera persona que fue identificada como portadora sana de fiebres tifoideas.
Entre 1900 y 1907 infectó a 22 personas, y a pesar de su terca negativa a
abandonar los fogones, fue sometida por las autoridades a una cuarentena de
tres años tras de la cual cambió su nombre por el de Mary Brown y volvió a su
antiguo oficio, con el resultado de 25 infectados y 2 fallecidos. Finalmente, y
muy a su pesar, se le impuso una cuarentena de por vida.
La
muerte tiene una sola cosa agradable: las viudas. Enrique Jardiel Poncela.
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