Ambrós fue el seudónimo con el que firmó
siempre sus trabajos Miguel Ambrosio Zaragoza, uno de los dibujantes más
prolíficos y geniales del tebeo español. Valenciano, nacido en la localidad de
Albuixech en 1913, estudió magisterio en Valencia, y ejerció la docencia hasta
el final de la guerra civil, cuando fue “depurado” como tantos otros maestros
de la República, por el régimen de Franco. Tras unos años de miseria en los que
ayudó a sobrevivir a sus padres en el campo, se inició en el dibujo en 1946 en
la Editorial Valenciana que dirigía Juan Puerto, con algunas historietas
humorísticas. Se trasladó a Barcelona a los pocos meses, y allí dibujó hasta
1951 la serie El Caballero Fantasma,
con guiones de Federico Amorós. Era un personaje inspirado en El Zorro de José Mallorquí, cuyas
novelas de aventuras tuvieron gran éxito en la España de aquellos años. Entre
1951 y 1956 continuó dibujando la serie Chispita,
el hijo del Jinete Fantasma.
En
1956, cuando ya se había hecho un nombre en la industria del tebeo y una
reputación como dibujante, fichó por la editorial Bruguera, donde ilustró las
historietas de aventuras que periódicamente aparecían en la revista Pulgarcito,
y algunos libros de la editorial, adaptaciones para niños de grandes novelas.
Al mismo tiempo, colaboró con el guionista Víctor Mora en una nueva serie: El Capitán Trueno, concebida un poco como
versión más actualizada de El Guerrero
del Antifaz, de Manuel Gago. Las primeras aventuras del Capitán Trueno
tuvieron un éxito inmediato, pasando de las páginas de Pulgarcito a editarse en
cuadernillos sueltos apaisados, primero con periodicidad quincenal, y poco
después semanal. La serie llegó a alcanzar tiradas de 350.000 ejemplares, algo
sin precedentes en el tebeo español.
Como
ocurrió con muchos otros dibujantes de la casa barcelonesa, sus éxitos apenas
tuvieron repercusión en sus salarios. La racanería de Bruguera impulsó a Ambrós
a abandonar España. Residió en París entre 1960 y 1964, pero tuvo que regresar
frustrado a Barcelona y al redil de Bruguera, que le encargó la ilustración de
varias novelas y una serie sobre vidas de santos que el dibujante aceptó por
necesidad, a pesar de su anticlericalismo.
Tras
otro breve periodo en Editorial Valenciana, regresó otra vez a Bruguera, que
monopolizaba en la práctica la industria, para ilustrar El Corsario de Hierro, otra serie con guión de Víctor Mora que
comenzó a publicarse en las páginas centrales de la revista Mortadelo. Ambrós
se retiró en 1981. Recibió en 1989 el Gran Premio del Salón del Cómic de
Barcelona, y rechazó en 1991 el premio “al
català mes universal del moment”, protestando que él no era catalán sino
valenciano. Falleció en 1992, cuando contaba setenta y nueve años. Os dejamos
aquí abajo una serie de sus páginas y viñetas que ilustran el estilo dinámico y
el dominio del género de Miguel Ambrosio Zaragoza, Ambrós, todo un clásico
entre los clásicos del tebeo español de aventuras. Uno de esos dibujantes
españoles (y no es ni mucho menos un caso aislado) que en América habría sido
considerado un gran artista, y aquí no pasó de ser un trabajador mal pagado.



















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