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domingo, 18 de enero de 2026

AMBRÓS, UN TALENTO NO RECONOCIDO


 

Ambrós fue el seudónimo con el que firmó siempre sus trabajos Miguel Ambrosio Zaragoza, uno de los dibujantes más prolíficos y geniales del tebeo español. Valenciano, nacido en la localidad de Albuixech en 1913, estudió magisterio en Valencia, y ejerció la docencia hasta el final de la guerra civil, cuando fue “depurado” como tantos otros maestros de la República, por el régimen de Franco. Tras unos años de miseria en los que ayudó a sobrevivir a sus padres en el campo, se inició en el dibujo en 1946 en la Editorial Valenciana que dirigía Juan Puerto, con algunas historietas humorísticas. Se trasladó a Barcelona a los pocos meses, y allí dibujó hasta 1951 la serie El Caballero Fantasma, con guiones de Federico Amorós. Era un personaje inspirado en El Zorro de José Mallorquí, cuyas novelas de aventuras tuvieron gran éxito en la España de aquellos años. Entre 1951 y 1956 continuó dibujando la serie Chispita, el hijo del Jinete Fantasma.

En 1956, cuando ya se había hecho un nombre en la industria del tebeo y una reputación como dibujante, fichó por la editorial Bruguera, donde ilustró las historietas de aventuras que periódicamente aparecían en la revista Pulgarcito, y algunos libros de la editorial, adaptaciones para niños de grandes novelas. Al mismo tiempo, colaboró con el guionista Víctor Mora en una nueva serie: El Capitán Trueno, concebida un poco como versión más actualizada de El Guerrero del Antifaz, de Manuel Gago. Las primeras aventuras del Capitán Trueno tuvieron un éxito inmediato, pasando de las páginas de Pulgarcito a editarse en cuadernillos sueltos apaisados, primero con periodicidad quincenal, y poco después semanal. La serie llegó a alcanzar tiradas de 350.000 ejemplares, algo sin precedentes en el tebeo español.

Como ocurrió con muchos otros dibujantes de la casa barcelonesa, sus éxitos apenas tuvieron repercusión en sus salarios. La racanería de Bruguera impulsó a Ambrós a abandonar España. Residió en París entre 1960 y 1964, pero tuvo que regresar frustrado a Barcelona y al redil de Bruguera, que le encargó la ilustración de varias novelas y una serie sobre vidas de santos que el dibujante aceptó por necesidad, a pesar de su anticlericalismo.

Tras otro breve periodo en Editorial Valenciana, regresó otra vez a Bruguera, que monopolizaba en la práctica la industria, para ilustrar El Corsario de Hierro, otra serie con guión de Víctor Mora que comenzó a publicarse en las páginas centrales de la revista Mortadelo. Ambrós se retiró en 1981. Recibió en 1989 el Gran Premio del Salón del Cómic de Barcelona, y rechazó en 1991 el premio “al català mes universal del moment”, protestando que él no era catalán sino valenciano. Falleció en 1992, cuando contaba setenta y nueve años. Os dejamos aquí abajo una serie de sus páginas y viñetas que ilustran el estilo dinámico y el dominio del género de Miguel Ambrosio Zaragoza, Ambrós, todo un clásico entre los clásicos del tebeo español de aventuras. Uno de esos dibujantes españoles (y no es ni mucho menos un caso aislado) que en América habría sido considerado un gran artista, y aquí no pasó de ser un trabajador mal pagado.





















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