Mientras
que Simón el Mago y sus seguidores, los simonianos del siglo I, basaban su
doctrina en la filosofía griega, los gnósticos del siglo II fueron
esencialmente cristianos heterodoxos. Florecieron en las primitivas comunidades
cristianas, sobre todo de oriente, pero también en las occidentales. Discutían
en la tradición de los rabinos judíos, los pasajes del Antiguo Testamento y de
los Evangelios. Muchos se proclamaban hijos de Adán, cainitas (de Caín) o setianitas
(de Set), de la esposa o de los hijos de Noé, o bien de uno u otro apóstol.
Surgieron sectas por doquier en las que se pretendía conservar la tradición
oral confiada por el mismo Cristo en secreto a alguno de sus discípulos o a
María Magdalena. Se presentaban pues, como los auténticos conocedores del
cristianismo.
Los
ritos litúrgicos, se mantenían con algunas variantes. Algunos gnósticos
practicaban el bautismo tres o más veces a lo largo de la vida, y en ciertas
sectas lo aplicaban incluso a los muertos. Era corriente la imposición de manos
para curar o aliviar diversos males. Muy característica de la gnosis fue la epíclesa, una oración litúrgica que
invocaba al Espíritu Santo sobre el agua bautismal, el vino, el pan, los santos
óleos u otros elementos sacramentales. Eran también corrientes los conjuros,
los hechizos, los filtros, los talismanes, y muy especialmente los rituales de
índole sexual que sus detractores escandalizados, esgrimieron contra los
gnósticos a menudo para condenar sus prácticas. Alrededor de ellas se creó todo
un subgénero literario y novelesco que floreció sobre todo en el XVIII y el XIX
francés, tanto entre los clasicistas como entre los románticos.
El
primer nombre propio de la gnosis del siglo II fue Basílides
de Alejandría. Se conoce de su biografía la fecha de su
fallecimiento, año 135. También está documentado que tuvo un hijo, Isidoro,
seguidor de su doctrina. Fue autor de las Exegéticas,
veinticuatro libros con comentarios de los Evangelios. Basílides aseguraba
exponer el verdadero cristianismo a través de los testimonios confidenciales
del apóstol Mateo y de Glaucias, el intérprete que tomó san Pedro en Roma.
Mezclaba también en su doctrina ideas de Persia. Basílides llamaba a Dios El que no es, a fin de mostrar que la
Causa primera escapa a la razón y a la imaginación. Según su doctrina, El que no es equivale a la nada, aunque paradójicamente es el Principio de Todo. Ese Principio, en
un acto involuntario, eyaculó un esperma o más bien una panspermia, un semen universal o colección de todos los sémenes que
permitía engendrar la diversidad de los seres y de las cosas. Así, el Dios que no es ha hecho el mundo de
lo que no es, depositando y poniendo en la base un germen único que contenía en
sí mismo todos los gérmenes del mundo.
Del
esperma cósmico procedente de entidades no existentes nació una triple
Filialidad constituida por una parte sutil que se elevó junto al Dios que no
es, otra parte opaca que se revistió de Espíritu Santo, que le sirvió de ala
para acercarse a las alturas, y otra parte impura que permaneció en el semen
universal. De la parte sutil se desprendió el arconte (Gobernador), el cual,
ignorando que había un Dios por encima de él, creó el firmamento, los astros y
los seres celestiales. Basílides lo llama Cabeza del universo (ê kefalé tou kosmou) y también Abraxas, rey de los trescientos sesenta
y cinco cielos. Después, un segundo arconte, inferior al primero, salió de la
parte impura y utilizó la panspermia
para crear la Tierra y sus habitantes. Basílides divide los seres en dos
categorías principales: a la primera la llama el cosmos (el mundo); a la
segunda hipercosmos (lo que está por encima del mundo); y a la barrera que
separa el cosmos del hipercosmos le da el nombre de Espíritu (Noûs).
Y
fue ese Noûs el que, cuando se hizo necesaria la redención del mundo inferior,
se reunió con Jesús-Kaulakau (término con el significado de esperanza en la esperanza), mediante el
bautismo en el río Jordán. Esta idea disparatada (tan disparatada, por cierto
como la mayor parte de las que nos ofrecen las religiones), tiene acaso la
virtud de su absoluta originalidad, ya que no se encuentra en ninguna otra
escuela, y constituye una de las innovaciones más curiosas del gnosticismo.
A
nuestro profe Bigotini tanta cosmología gnóstica le abruma, y tanta panspermia
le rebasa y le rebosa. Me hace con los dedos el gesto de la tijera para que
corte, así que corto. Amigos, esto es todo por hoy.
Cada vez que salgo del váter mi perro me mira con cara de lástima, como pensando: cómo va a encontrar novia si mea siempre en el mismo sitio.



















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