El
problema sucesorio que se planteó en la Corona de Aragón a partir de 1410,
comenzó a dirimirse en la Concordia de Alcañiz, y se zanjó definitivamente con
el Compromiso de Caspe de 1412. Aspiraban al trono el infante Fernando de
Castilla, Jaime, el conde de Urgell, y Luis de Anjou, el duque de Calabria. En
Caspe se reunieron nueve compromisarios, tres por cada uno de los territorios: los
reinos de Aragón y Valencia, y el principado de Cataluña. Los compromisarios,
entre los que se hallaba el famoso dominico valenciano Vicente Ferrer,
eligieron al infante Fernando, que accedió al trono como Fernando I, e inauguró
así la dinastía de los Trastámaras en Aragón. La solución de Caspe, que ha
suscitado siempre grandes debates historiográficos, fue según opinión de Jaime
Vicens Vives, históricamente justa en
tanto que designó al candidato más universalmente aceptado por las diversas
estructuras de los países de la Corona de Aragón.
No
obstante, la rebeldía del conde de Urgell, dividió a los catalanes, poniéndose
una parte de ellos al lado del de Urgell, y contra la autoridad real. Según
algún historiador reciente, ese pudo ser el momento histórico en que comenzó el
denominado problema catalán. Fernando I derrotó al conde en Balaguer, y lo
desterró a la localidad castellana de Urueña. Salió robustecida en la disputa
la Diputación del General, que apoyó al Trastámara, pero algunos estamentos
catalanes prolongaron su descontento. Durante el reinado de Juan II de Aragón,
que en 1426 sucedió a su padre Fernando I, se produjo un levantamiento armado,
la llamada guerra civil de Cataluña,
alentada por una facción importante de la nobleza catalana y el patriciado
urbano barcelonés, que ofreció el principado de Cataluña primero al príncipe de
Viana, hijo de Juan II de Aragón, y más tarde al rey castellano Enrique IV el
Impotente, que no lo aceptó. El conflicto armado se prolongó hasta 1461 con la
capitulación de Villafranca del Penedés. Venció Juan II pero aceptando un
acuerdo que según Josep María Salrach recogía
todas las reivindicaciones políticas de la oligarquía catalana desde los
tiempos de Pedro el Ceremonioso. En 1462 y los años siguientes se alzaron
los payeses de remensa y los sectores populares de las ciudades en favor del
rey aragonés y contra los intereses de la oligarquía. Intervino también Francia
en favor de Aragón, y en definitiva, el conflicto armado se prolongó hasta
tiempos de Fernando el Católico.
Como
consecuencia directa de los desórdenes y luchas internas, se produjo un
importante declive de Barcelona y Cataluña en general. En el plano demográfico
se vivió un notable incremento de la población en Aragón, Mallorca, y sobre
todo en Valencia, cuya capital y puerto superaron ampliamente a Barcelona en
tráfico marítimo y en el terreno económico durante el siglo XV. Entre 1378 y
1479, Cataluña perdió una cuarta parte de su población. Barcelona, que había
contado con 50.000 habitantes a mediados del siglo XIV, apenas tenía 20.000
mediado el XV. Valencia experimentó un crecimiento proporcional hasta los
40.000 habitantes, y Zaragoza alcanzó los 30.000. La economía valenciana fue al
alza impulsada por sectores como el textil, la cerámica, los curtidos de
pieles, los tintes o la fabricación de muebles.
Según
el investigador italiano Mario del Treppo, entre los años 1455 y 1470 no arribó
al puerto de Barcelona ningún barco genovés de los que se dirigían a Flandes, y
en el periodo comprendido entre 1465 y 1469, no salió del puerto barcelonés
ningún navío con dirección a Levante. En 1468 la Taula de Canvi, que se había
constituido en Barcelona a principios de siglo, hizo suspensión de pagos. En
resumen, el panorama que presentó Barcelona durante el reinado de Juan II, fue
agónico, en contraste con el auge de Valencia en el mismo periodo. Valencia
tomó el testigo de Cataluña en el floreciente comercio mediterráneo. En el
reino de Aragón se produjo también la expansión del comercio, exportando lana y
trigo a Cataluña y Francia, aceite a Navarra, y azafrán a la Europa cristiana.
Mallorca mantenía su vitalidad con la exportación de tejidos al norte de
África.
Primero conoce los hechos y luego distorsiónalos cuanto quieras. Mark Twain.