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martes, 26 de agosto de 2025

WARREN BEATTY Y SUS TRECE MIL CONQUISTAS

 



Warren Beatty, el hermano pequeño de Shirley MacLaine, fue un dolor de cabeza para su hermana durante sus años de adolescente. En la escuela y la universidad destacó en los deportes, hasta que a través de Shirley consiguió introducirse en la industria del cine acompañando en 1961 a Natalie Wood en Esplendor en la hierba, un exitoso melodrama de Elia Kazan. A partir de ahí se convirtió en el chico guapo de moda en Hollywood, y a la vez comenzó a forjarse su leyenda de donjuán. La prensa amarilla y los programas del corazón televisivos llegaron a adjudicarle una cifra en torno a trece mil conquistas a lo largo de su dilatada carrera amatoria, record que de ser verosímil dejaría por los suelos el de nuestro Julio Iglesias. De confirmarse el dato, este supermán de la coyunda apenas debía tener tiempo para ponerse ante las cámaras. Protagonizó sin embargo una filmografía extensa aunque algo irregular. Destacan sus trabajos de juventud como el de Bonnie and Clyde, de Arthur Penn, junto a Faye Dunaway. También dirigió algunas películas, y en esa faceta obtuvo un premio Oscar en 1981 por Rojos, que resultó todo un éxito. Protagonizó más tarde Bugsy, junto a Annette Bening, con la que por fin se casó y parece que sentó la cabeza.

Aquí abajo tenéis el enlace para visionar una sucesión de imágenes del actor, con un audio que relata su biografía:

https://www.youtube.com/watch?v=x6IeIGuDj0A

Próxima entrega: Sean Connery


sábado, 23 de agosto de 2025

HEREJES Y HEREJÍAS EN LA IGLESIA PRIMITIVA

 


La historia eclesiástica de los primeros siglos del cristianismo estuvo marcada por distintas desviaciones y fuerzas centrífugas que actuaron a lo largo del espacio geográfico de lo que había sido el Imperio romano. Fueron las llamadas herejías. Todas presentaron dos aspectos: el teológico, con diferencias, a veces simples matices, en determinados puntos dogmáticos; y el político, renaciendo los nacionalismos a través de la fachada herética. A menudo con el pretexto de una manera distinta de interpretar las Escrituras o de concebir a Dios, se agrupaban alrededor de quienes la defendían, una serie de fuerzas que transformaban en verdaderas rebeliones contra el poder central la más mínima diferencia. La descomposición del Imperio se acompañó del auge de los gobiernos locales y la reivindicación de lo autóctono.


En Oriente, la Iglesia se había convertido en un instrumento del Estado centralizado en Bizancio. En Occidente, con lo que un día fue el Imperio fraccionado en una multitud de reinos de los bárbaros, la Iglesia había ido un poco más lejos, sustituyendo de facto al mismo Estado. En un caso y el otro, la Iglesia era para los nacionalismos el enemigo a batir. Ahora bien, el cristianismo estaba ya tan arraigado que no era posible renegar de él directamente retornando por ejemplo, a los viejos ritos paganos. Los nacionalistas debían combatir a la Iglesia centralizada en Bizancio y en Roma, apoyando a obispos locales y a clérigos díscolos de sus territorios. Arrio era un predicador de Alejandría del siglo IV que rechazaba la divinidad de Cristo, la consustancialidad con Dios. El hombre era un teólogo que defendía de buena fe su postura. En el concilio de Nicea se defendió de su acusador, Atanasio, con sólidos argumentos.


De los trescientos dieciocho obispos que asistieron a Nicea, sólo dos estuvieron de acuerdo con Arrio y fueron excomulgados con él. Sin embargo, de vuelta a sus diócesis, muchos de los que le habían condenado, siguieron apoyando sus tesis por conveniencia política. Entre ellos el obispo Eusebio y su discípulo, el también obispo Ulfilas, que se encargó de cristianizar a los pueblos bárbaros centroeuropeos. Por eso, la mayor parte de los godos de Occidente fueron arrianos, y a Roma le costó mucho ir reduciendo al catolicismo a los reyes de los diferentes reinos.

En el norte de África, los donatistas luchaban para sustraer sus territorios de la influencia de Roma, y en el otro extremo del Mediterráneo, los monofisistas lo hacían para liberar Siria y Egipto del poder de Constantinopla. Otro tanto podría decirse de los priscilianistas en la Hispania noroccidental, de los apolinaristas, los sabelianos, los macedonianos, los mesalinos…


Nestorio y los nestorianos, condenados en el concilio de Éfeso, negaban la virginidad de María. Sus doctrinas calaron en Siria y en Persia, donde se fue preparando el fundamento de la cultura musulmana que con el tiempo daría lugar al Islam. También en Egipto arraigó el monofisismo de tal manera que a la jerarquía eclesiástica le resultó imposible reconducir la situación.

Con el tiempo, los ortodoxos de Oriente se acostumbraron a convivir con una u otra desviación, surgiendo en su área de influencia diferentes iglesias y credos. En Occidente se terminaría instaurando una teocracia católica.  Roma y sus papas que ejercían un poder político decisivo en su territorio con el apoyo de los diferentes reyes, aprendieron la lección de aquellos primeros siglos en los que las cosas se resolvían con concilios y amistosas reconvenciones. A partir de entonces se impuso la mano dura a través del brazo secular. Ya no se consintieron más desviaciones. Prisciliano y varios de sus seguidores fueron decapitados inaugurando el que sería un largo periodo de intolerancia. Algo más tarde, los cátaros de Albí, fueron exterminados sin miramientos. Después llegaría la Inquisición…

El profe Bigotini prefiere no entrar en disquisiciones teológicas. Es más, opina como Borges, que los libros de teología deberían estar en la sección de fantasía de las librerías.

Todas las religiones aseguran que las demás son falsas. Pues bien, todas tienen razón.


martes, 19 de agosto de 2025

SALGARI, EL TIGRE DE VERONA

 


Emilio Salgari nació en Verona en 1862. Sus padres eran pequeños comerciantes de la localidad. A los dieciséis años ingresó en el Instituto Técnico Naval de Venecia, pero no llegó a completar sus estudios ni a obtener el título de capitán de navío. A pesar de ello, sustentó su vida en la fantasía de haber navegado en mares lejanos, sin haber dejado jamás Italia. Se hacía llamar capitán, y firmaba su correspondencia como el capitán Salgari. Comenzó a escribir muy joven novelas por entregas que se publicaron en el diario milanés La Valiglia y en La Nuova Arena de su Verona natal. Su primera novela como volumen independiente fue La rosa de Dong-Giang, que obtuvo gran éxito entre los lectores. Siguió El tigre de Malasia, donde apareció por vez primera su personaje de Sandokán. El joven Salgari era de temperamento fogoso. Se ofendió porque el periodista Giuseppe Biasioli le llamó ‘ragazzo’ en un artículo, y le desafió a duelo. A consecuencia de ello, Biasioli fue hospitalizado y Salgari pasó seis meses en prisión.


Se casó con la actriz teatral Ida Peruzzi, a la que siempre llamó Aida, como la heroína de Verdi. Tuvieron cuatro hijos. La familia se trasladó a Turín, donde trabajó para la editorial Sperani, especializada en novelas para jóvenes con un contrato leonino por el que apenas recibía dinero a pesar de la gran popularidad de sus novelas que batían records de ventas. Se mudó a Génova escribiendo para otra editorial, pero desengañado, regresó pronto a Turín donde siguió escribiendo y viviendo miserablemente, circunstancia que se agravó con la enfermedad de su mujer que tuvo que ser ingresada en un sanatorio.

Emilio Salgari produjo a lo largo de su carrera como escritor ochenta y cuatro novelas largas y un número de cuentos y relatos breves imposible de determinar. La mayoría estaban ambientadas en lugares exóticos. Las islas de Malasia y el sudeste asiático, el Caribe, el Pacífico y el oeste americano fueron sus principales escenarios. Sus héroes, Sandokán o el Corsario de Hierro entre otros, se hicieron enormemente populares, sobre todo en Italia, España y los países de habla hispana. A pesar de ello, la familia de Salgari seguía viviendo muy precariamente. Las grandes editoriales de la época rechazaban sus novelas que consideraban como una especie de subliteratura. Las que le publicaban, le pagaban poco aduciendo que ese tipo de novelas baratas podía escribirlas cualquiera. El caso es que Salgari no salía jamás de su pobreza.

El primero en suicidarse en la familia fue el padre del escritor, ya anciano. Emilio Salgari se hizo el harakiri siguiendo el rito japonés en 1911. Antes dejó escrita una nota que culpaba a sus editores. Años más tarde, se suicidarían dos de sus hijos que por cierto, continuaron durante mucho tiempo escribiendo aventuras de Sandokán y del resto de los personajes de su padre, perpetuando su firma hasta los años sesenta del pasado siglo.

Nuestra biblioteca Bigotini se complace en poner al alcance de un clic, la versión digital de la novela Los tigres de la Malasia. Hágase sobre el enlace.

https://www.dropbox.com/home/Profesor%20Bigotini?preview=Los+tigres+de+la+Malasia.pdf

¡Te amo, Sandokan, te amo como nunca mujer alguna amó sobre la tierra! Sandokan la acarició dulcemente y sus labios besaron los dorados cabellos y la nívea frente de la joven. - ¡Ay de quien te toque ahora, que ya eres mía!


sábado, 16 de agosto de 2025

OPERADORES DE EQUIPOS MÓVILES Y MAQUINISTAS DE OBRA

 


En los trabajos de obra pública o civil se maneja con frecuencia maquinaria pesada. En excavaciones, desmontes y movimiento de tierras intervienen palas excavadoras, retroexcavadoras, niveladoras, grúas móviles, aplanadoras… Un importante parque móvil se pone en marcha en estas actividades. Habitualmente los operarios son tipos rudos como los que aparecen en esos simpáticos documentales del canal “mega” o similares. Unos tíos musculosos con camisetas sudadas que piden a gritos una banda sonora de Village People. En fin, en serio, estos equipos, o mejor dicho, los errores y negligencias en su manejo, producen anualmente un número significativo de accidentes, no pocos de ellos mortales. Entre los escenarios más comunes de accidente grave cabe destacar:

 

§     Vuelcos de los equipos en las proximidades de zanjas, cuestas o desniveles.

§     Atropellos a trabajadores que se mueven a pie en la proximidad de los equipos, cuando estos retroceden o cambian de dirección.

§     Operaciones de carga y descarga de los propios equipos en camiones.

§     Atropellos, golpes o atrapamientos por equipos o partes móviles de ellos (volquetes, ganchos, palas…) cuando se mueven por no haber sido convenientemente bloqueados o frenados.

§     Aplastamientos por cargas desprendidas de los equipos.


He aquí las medidas preventivas fundamentales. Síguelas al pie de la letra y nadie resultará herido, muchacho:

 

§     Los equipos deben ser manejados exclusivamente por operadores con acreditada experiencia y capacidad.

§     Tanto los operadores de los equipos como los mecánicos, habrán recibido instrucciones de trabajo y formación adecuada en materia de riesgos y su prevención.

§     Sólo deben admitirse maquinaria pesada y equipos móviles que cuenten con protecciones antivuelco y cinturones de seguridad.

§     Los camiones de transporte deben estar dotados de plataforma, volquete y rampas adecuadas para transportar equipo pesado.

§     En todas las máquinas existirá un manual de operación actualizado a disposición del operador.

§     Es imprescindible identificar los riesgos de cables de alta tensión aéreos o soterrados, así como de otros elementos como conducciones telefónicas, de agua, de gas… Se tomarán las medidas necesarias para trabajar evitándolos, antes de comenzar la actividad.

§     Comprobar diariamente el buen estado del equipo, en especial de los mecanismos y elementos de seguridad.

§     Debe establecerse una zona acotada de acceso limitado, y un radio de seguridad para cada máquina o equipo.

§     Se contará con vigilantes y señalistas capacitados que se encarguen de las señales de mano para advertir del riesgo a otros trabajadores o a terceras personas.

§     Antes de comenzar a trabajar con un nuevo equipo debes revisar los procedimientos de operación, seguridad, frenado, apagado… en el manual de operación del equipo.

§     También revisarás e inspeccionarás cada día el funcionamiento del equipo y los diferentes mandos y controles, antes de comenzar la jornada.

§     Mantén todas las superficies de trabajo libres de grasa y de derrames líquidos. Utiliza para acceder o para apearte del equipo siempre al menos tres puntos de apoyo (por ejemplo, dos manos y un pie).

§     Para evitar vuelcos, aléjate de bordes de zanjas, cuestas, desniveles o suelos inestables.

§     En equipos con protección antivuelco, utiliza siempre el cinturón de seguridad. En caso de vuelco con cinturón ajustado, no intentes saltar del vehículo.

§     Al estacionar apaga el motor, pon los frenos y asegúrate de que el equipo está correcta y definitivamente inmovilizado.


Piensa también en la seguridad de los que te rodean:

 

§     No des marcha atrás si no estás completamente seguro de que no hay nadie detrás. Usa los espejos.

§     No te fíes sólo de las alarmas sonoras de retroceso. En las obras hay mucho ruido. Asegúrate de que no hay nadie detrás.

§     Utiliza las vallas de seguridad para mantener alejados de la zona de operación a peatones y a otros trabajadores de la obra.

§     Pon especial atención en la carga y descarga de materiales. Asegúrate de que en la zona de riesgo permanecen sólo los trabajadores indispensables. Recurre a un señalista si no puedes abarcar visualmente toda la zona. Nadie debe permanecer bajo una carga suspendida.

§     No permitas que otros trabajadores utilicen tu equipo como transporte. Nadie excepto tu, está autorizado a montar.

§     En los desplazamientos, circula siempre muy despacio. Respeta las señales y las normas de tráfico. Especial atención en curvas, cuestas u obstáculos de cualquier tipo.


Y con estas sencillas nociones

que nosotras te damos aquí,

tú verás cómo te las compones

para hacer un trabajo feliz.

(Coro de las viudas de La corte del faraón. Libreto de Perrín y Palacios. Ellas dicen “para hacer a tu esposo feliz”).

 

Cuando baja la ropa interior, todo lo demás tiende a subir.   Woody Allen.


martes, 12 de agosto de 2025

HUYGENS, LA TAUTOCRONA Y MOBY DICK

 


Durante varios siglos, muchos físicos y matemáticos se habían esforzado en hallar una curva que describiera la forma de un tipo específico de plano inclinado. La idea era colocar objetos en distintos niveles de una rampa, de modo que todos invirtieran el mismo tiempo en llegar al final de la rampa deslizándose por su superficie, con independencia del punto de partida en que se situara cada uno de ellos. Actúa sobre los objetos exclusivamente la fuerza de la gravedad, y se considera que no existe rozamiento.

En 1673, Christiaan Huygens, astrónomo y físico holandés, encontró una solución, y la publicó en su obra Horologium oscillatoriumi (El reloj de péndulo). Técnicamente, la tautocrona, que así se llama la curva que constituye la rampa, es una cicloide, o lo que es lo mismo, es la curva definida por la trayectoria seguida por un punto fijo de una circunferencia a medida que ésta rueda sobre una línea recta. La tautocrona se conoce también con el nombre de braquistocrona en aquellos casos en que se hace referencia a la curva sobre la que un objeto sin rozamiento sea capaz de alcanzar la mayor velocidad de descenso al deslizarse desde uno a otro punto.



Con su descubrimiento, Huygens se proponía diseñar un reloj de péndulo más preciso que los construidos hasta ese momento. El reloj contaba con porciones de superficies en forma de tautocrona muy cerca del lugar en el que oscila el péndulo. De esa forma pretendía asegurar que el péndulo describiera una curva óptima con independencia del punto en que comenzara a balancearse. Lamentablemente, la fricción de las superficies producía errores significativos, por lo que el reloj de Huygens no llegó a alcanzar la precisión deseada.

Digamos como curiosidad que las propiedades de la tautocrona han tenido también un recorrido literario. Aparecen mencionadas en un pasaje de Moby Dick, la inmortal novela de Herman Melville, a propósito de una discusión acerca de una olla para refinar aceite de ballena: [La olla] puede servir también para profundas meditaciones matemáticas. Me hallaba en la olla de la parte izquierda del barco, con la esteatita dando vueltas a mi alrededor con diligencia, cuando de forma indirecta, me di cuenta de pronto, del hecho notable de que en geometría todos los cuerpos que se deslizan por un cicloide, por ejemplo mi esteatita, caerán desde cualquier punto en exactamente la misma cantidad de tiempo. La esteatita es en este caso, una piedra esférica porosa y ligera que, deslizándose por la olla repetidamente, conseguía el efecto de batir la grasa sólida de los cachalotes, transformándola en aceite que se almacenaba en barriles.

La nariz de nuestro profe Bigotini, que también es una cicloide, atesora infinitas propiedades físicas de las que algún día daremos cuenta.

Me acabo de comer una naranja del mercadona, que perfectamente podría haber aguantado un set en Roland Garrós.


sábado, 9 de agosto de 2025

GEORGE WOLFE, DE LAS PORTADAS AL CHISTE GRÁFICO

 


Nacido en Nueva York en 1911, George W. Wolfe, comenzó su carrera ilustrando las portadas de diferentes revistas y publicaciones como Esquire, Click Magazine o The Saturday Evening Post. Creó un estilo propio caracterizado por la elegancia del trazo y una sinfonía colorista extraordinaria, todo muy en la línea del art decó que triunfaba en la época. Después, dando a su estilo un giro copernicano, y a partir de 1960 se pasó al cómic creando la serie Pops, una tira cómica diaria que se distribuyó por gran número de periódicos americanos a través de Al Smith Feature Service (ASFS). Al final de los sesenta el ejército le envió como dibujante a Vietnam, y allí, para elevar eso que llaman la moral de la tropa, se puso a dibujar chicas estupendas, costumbre que no abandonó ya durante el resto de su vida.

De vuelta en América se instaló en Glen Rock, Nueva Jersey, donde fallecería en 1993. En su última etapa produjo chistes gráficos con señoritas neumáticas y llamativas. También fue autor de Citizen George, una especie de serie de intención autobiográfica. Como homenaje a su trabajo os dejamos una selección de sus ilustraciones y sus chistes.


















miércoles, 6 de agosto de 2025

FAYE DUNAWAY, LA CHICA QUE ASALTABA BANCOS

 



Es inevitable. Aquella Bonnie de Bonnie and Clyde quedó grabada a fuego en nuestras retinas, y Faye Dunaway será para siempre aquella chica guapa que asaltaba bancos por los pueblos de la América profunda. Esa fue una de sus primeras apariciones en la gran pantalla. Le acompañaba Warren Beatty, como después le acompañaron Dustin Hoffman, Robert Redford, Steve McQueen o Jack Nicholson, todos ellos grandes entre los grandes (bueno, quizá excepto Hoffman que era más bien bajito).

Sin ser una belleza canónica, la Dunaway tenía un sex appeal muy notable. Polanski la metió en la cama con Nicholson en Chinatown, Sidney Pollack la metió en la cama con Redford en Los tres días del cóndor, antes, a Arthur Penn se le había ocurrido ponerla a enjabonar a Dustin Hoffman en Pequeño gran hombre. Lo cierto es que Faye estaba espléndida dentro y fuera de las camas, lúbrica y cubierta de espuma de jabón, o montada en aquella vieja cafetera petardeante, mientras vaciaba el cargador de su metralleta.

Después maduró, y mucho después hasta se hizo vieja, algo alejada de los platós hollywoodienses, y entregada a poco brillantes apariciones en series televisivas. Nada dura eternamente.

Para recordarla en todo su esplendor, os dejamos aquí abajo (clic en el enlace) un recorrido fotográfico y musical que recoge algunos de sus mejores momentos. Bon apetit.

Faye Dunaway

https://www.youtube.com/watch?v=M6s7LuDCRc4

Próxima entrega: Warren Beatty


sábado, 2 de agosto de 2025

LOS PRIMEROS PASOS DE LA IGLESIA

 


Antes de continuar esta serie de artículos de divulgación histórica sobre el mundo medieval, conviene hacer un alto y retroceder un poco, para escribir unas líneas acerca de la Iglesia primitiva, y la gestación de la institución religiosa que fue protagonista no sólo del milenio medieval, sino que ha ampliado su influencia hasta tiempos actuales.

Las primeras comunidades de fieles cristianos o ecclesiae, no pasaron de ser células más o menos clandestinas, dependiendo del nivel de tolerancia de las autoridades imperiales en cada lugar. Estaban esparcidas por las poblaciones del Imperio a las que había llegado la predicación de los apóstoles y los primeros propagandistas del cristianismo. Estas pequeñas comunidades se situaban sobre todo en las ciudades de algún tamaño, pues a los lugares más apartados y las zonas rurales (pagus) resultaba más difícil llegar por las enormes dificultades de comunicación del mundo antiguo, por eso en el campo persistió durante mucho tiempo el paganismo.


Al frente de cada comunidad había un presbítero, sacerdote libremente elegido por los miembros del grupo. Para ayudar al presbítero según iban creciendo las comunidades, se designaron diáconos, subdiáconos, acólitos y exorcistas, a estos últimos se encomendaba el cuidado de los obsesos y los epilépticos. Eran todos cargos voluntarios y no remunerados. Parece haber constancia de que varias de aquellas comunidades funcionaron en régimen de una especie de comunismo, en el que los bienes se compartían. Hay también constancia de la existencia de diaconisas, que se encargaban de socorrer a los pobres y los enfermos, primer antecedente de lo que más tarde serían las monjas y las comunidades religiosas femeninas. Al principio las ecclesiae no establecieron relaciones jerárquicas entre ellas, pero al multiplicarse las comunidades de fieles en muchas ciudades, regiones y provincias, varios presbíteros eligieron un episcopo u obispo en las ciudades principales. En el siglo IV empezaron a aparecer los primeros arzobispos, metropolitas y primados en cada provincia, hasta que en cinco de las mayores ciudades, Roma, Constantinopla, Antioquía, Jerusalén y Alejandría, se instaló un patriarca. Al patriarca y obispo de Roma tradicionalmente llamaron Papa, pero ese mismo título era usado también por otros obispos en diferentes lugares.


A las reuniones de obispos de una misma provincia, que convocaba el arzobispo, se llamó concilios. Cuando esos concilios reunían a todos los obispos de Oriente o de Occidente, se les llamó plenarios, y a los que congregaban a todos los obispos de la cristiandad, se les calificó de generales o ecuménicos. De tales concilios generales proviene el adjetivo de católica que adquirió la Iglesia, con el significado de universal.

Primitivamente se establecieron algunas reglas y se consolidaron ciertos usos y costumbres. Los presbíteros debían tener treinta años como mínimo, y los obispos, cincuenta. En principio las misas se celebraban por la noche. La función se iniciaba con la lectura de textos sagrados, seguía la predicación y la homilía del presbítero, que en algunos casos era ovacionada por la concurrencia, y otras veces era objeto de críticas y hasta de abucheos. También los fieles varones podían intervenir haciendo preguntas o expresando opiniones. Se entonaban oraciones y se cantaban salmos. La comunión se celebraba con pan y vino. La misa concluía con el beso de la paz, costumbre que dio origen a no pocas controversias y excesos. Montanelli señala un gracioso documento en el que se recomendaba a los fieles mantener la boca cerrada al besarse, pero al parecer, las efusiones se hicieron algunas veces tan apasionadas, que obligaron a la jerarquía a suprimir los besos.


El bautismo era costumbre que se tomó de los hebreos. En los primeros tiempos se realizaba por inmersión y sólo a los adultos. A partir del siglo II, se administró a los niños a los ocho días del nacimiento, costumbre que recuerda la circuncisión de los varones judíos, también el octavo día. En  origen, el bautismo se recibía una sola vez en la vida, pero en el siglo III se impuso de nuevo la costumbre de la inmersión como baño sagrado antes de morir, y como a veces los enfermos graves mejoran, había hombres y mujeres que se sumergían en el agua bendita varias veces. Hubo entonces voces que protestaron hipocresía, porque en el bautismo se perdonaban pecados y crímenes, y había quienes fingían estar en trance de muerte para ser absueltos. Juliano, en su Sátira de los Césares, recoge la siguiente fórmula bautismal: Quien se sienta culpable de estupro, de asesinato, de robo, de sacrilegio y de todos los delitos más abominables, cuando sea lavado por mí con esta agua, quedará puro y limpio.


La confesión fue pública en Oriente hasta el final del siglo IV, pasando a ser secreta en tiempos de Teodosio. En Occidente, la confesión de los pecados a un sacerdote fue introducida ya en el siglo VII. En los conventos de monjas, se permitió a la abadesa recibir las confesiones de sus pupilas, para evitar ciertos escándalos de confesores rijosos y monjas preñadas. Sin embargo, los obispos terminaron por retirar a las abadesas esa facultad, ante las grandes indiscreciones que se producían. Los domingos eran festivos, y los miércoles y viernes, días de ayuno y abstinencia. En el año 306, un canon del sínodo de Elvira prohibió contraer matrimonio a los eclesiásticos, que hasta entonces lo hacían con la mayor naturalidad, aunque en la práctica la prohibición no se cumplió y fue letra muerta hasta al menos el siglo X. Durante toda la edad media y gran parte del Renacimiento, y aunque desde el concilio de Nicea de 325 se prohibía a los clérigos tener mujeres jóvenes en sus casas, la barraganía fue frecuente y hasta habitual entre curas y frailes prácticamente hasta la Contrarreforma. Muchos clérigos tenían en sus casas a barraganas y siervas bajo falsos parentescos.


Mientras los emperadores de Oriente mantuvieron a duras penas una precaria organización del Estado política y burocrática, en Occidente la carencia de autoridades civiles en la mayor parte de ciudades y provincias, hizo recaer en los obispos la autoridad no sólo religiosa, sino también civil y hasta en ocasiones militar. Tal fue el origen del régimen teocrático que, salvo excepciones, presidió más de diez siglos de la Historia europea. Al frente y en cabeza de aquel sistema estaba el Papa de Roma, aunque la teoría de que san Pedro, al fundar en Roma la primera ecclesia, había pretendido atribuirle un primado, no comenzó a desarrollarse hasta el siglo V. Antes de eso, el obispo de Roma estuvo a la par de las otras cuatro sedes patriarcales, Alejandría, Constantinopla, Antioquía y Jerusalén. Fue en el concilio de Calcedonia de 381, cuando con no poca oposición, se reconoció al patriarca romano como primus inter pares. Esta supremacía fue consagrada ya en el siglo VI, cuando se revistió al Papa de Roma como sucesor de Pedro, vicario de Cristo y jefe ecuménico de la Iglesia, dándole el viejo título romano de pontífice, con el significado literal de constructor de puentes. Y es que en el siglo VI, con la sociedad cristiana de Occidente ya completamente medievalizada, y sus gentes hablando un bajo latín dialectal que en cada región derivaba hacia la lengua romance correspondiente, cualquier título pomposo del tiempo de los césares imponía un respeto tremendo.

Llegué a estar casi diez años sin probar una sola gota de alcohol. Luego hice la primera comunión, y desde entonces fue ya un no parar.


martes, 29 de julio de 2025

MARGARITA DE NAVARRA, LA PRINCESA HUMANISTA

 


Nacida en Angulema en 1492, Margarita de Orleans, a quien también se conoce como Margarita de Angulema, Margarita de Valois, Margarita de Alençon o Margarita de Francia, escribió la mayor parte de su obra literaria siendo reina de Navarra, por lo que aquí le daremos el título de Margarita de Navarra. Era hija de Carlos de Orleans y Luisa de Saboya, y hermana dos años mayor del que llegaría a ser Francisco I de Francia. Por su alta cuna, Margarita recibió una educación esmerada, algo completamente inusual en una mujer de su tiempo. Dominaba el francés, el castellano, el latín y el italiano, y había leído a los principales poetas y humanistas europeos en aquel Renacimiento de las artes y las letras. Una formación que en aquellos años debieron tener sólo unas pocas mujeres privilegiadas, como Catalina de Aragón, la hija de los reyes católicos, o como Ana Bolena que durante su etapa francesa fue íntima amiga y confidente de Margarita. La casaron a los diecisiete años con el duque de Alençon, un matrimonio de pura conveniencia sin el menor asomo de afecto. Tras enviudar, se casó con Enrique II de Navarra, concibiendo a Juana, su única hija, que sería la madre de Enrique IV de Francia. Tuvo también un hijo varón, Juan, ya a los treinta y ocho años, una edad muy avanzada para la época. El niño murió a los pocos meses.


Entre uno y otro matrimonio, en 1525, Margarita tuvo que desplegar todas sus dotes de diplomacia y de seducción, viajando a Madrid para liberar a su hermano Francisco I, que tras la batalla de Pavía había sido hecho prisionero por el emperador Carlos. Por lo demás, Margarita utilizó su influencia con su hermano el rey para favorecer a varios personajes importantes de la entonces incipiente Reforma protestante, como Guillaume Farel, el obispo Briçonnet, Jacques Lefèvre, Calvino o Clemente Marot, de quien se rumoreó que era su amante. Su ideario filosófico estuvo claramente influido por Erasmo de Rotterdam y el erasmismo. En varios de sus escritos criticó la corrupción de los clérigos católicos y los excesos de la jerarquía eclesiástica, argumentos en los que se basaron muchos reformistas. No obstante, formalmente nunca reconoció el protestantismo, apoyando en público a su hermano en lo tocante a ortodoxia religiosa. Falleció Margarita en 1549, a la edad de cincuenta y siete años. Dados sus vínculos con el movimiento reformista, se creó a su muerte gran expectación. En su funeral no se repararó en medios, acudiendo a él muchos prelados de la Iglesia, y proclamándose a los cuatro vientos que la reina de Navarra había muerto católica.


En cuanto a su obra literaria, podemos considerar a Margarita de Navarra una humanista en perfecta consonancia con la época Renacentista en que vivió. Fue autora de Un diálogo místico en forma de visión nocturna, de poemas recogidos en el Espejo del alma pecadora, obra en la que la autora utiliza la estructura poética de canciones profanas muy del estilo de los poetas goliardos o de Rabelais, para transformarlas en textos religiosos. Fue también autora de Cuatro misterios o Autos sacramentales, Dos farsas, y una buena copia de poesías que se recopilaron y editaron después de su muerte con el título de Las Margaritas de la Margarita de las princesas, aparte de una importante y numerosa correspondencia, y de una especie de obra póstuma a modo de testamento filosófico y literario, titulado Las prisiones de la reina de Navarra.


Pero la obra más sobresaliente de Margarita de Navarra es sin duda su célebre Heptamerón, también llamado a veces Los cuentos de la reina de Navarra. En ella sigue el modelo del Decamerón de Boccaccio, haciendo que diez personajes, cinco hombres y cinco mujeres, que quedan atrapados en su viaje a causa del derrumbamiento de un puente, cuenten cada uno de ellos una historia durante diez días hasta completar cien relatos. Por desgracia, la muerte sobrevino a la autora cuando sólo había completado siete jornadas, por lo que la obra recoge setenta y dos cuentos, de ahí el título de Heptamerón que se le dio. A pesar de la indudable influencia de Boccaccio, Margarita realiza en su Heptamerón un recorrido en parte opuesto al del florentino, que parte en muchos de sus cuentos de un planteamiento erótico, para culminar en el chiste a veces grosero. En Margarita, el contenido de los cuentos, claramente erótico, deriva hacia lo espiritual. En palabras de Simone de Beauvoir en su obra El segundo sexo, …la escritora que mejor sirvió a la causa de su sexo fue Margarita de Navarra, que propuso contra la licencia de las costumbres un ideal de misticismo sentimental y de castidad sin mojigatería, tratando de conciliar amor y matrimonio para honor y dicha de las mujeres.

También Severine Auffret en su ensayo La gran historia del feminismo, escribe: Bajo la forma de una amena ficción literaria, el Heptamerón inaugura el debate que proseguirá en los siglos XVI y XVII: ¿cuánto valen las mujeres y los varones y cuáles son sus respectivas capacidades y virtudes? El juego del Heptamerón es argumentar preguntas y respuestas. Margarita de Navarra pone el debate en el sexo. Su libro sigue siendo una referencia para el futuro de la cuestión de las mujeres.

De nuestra biblioteca bigotiniana extraemos la versión digital de El clérigo incestuoso, uno de los cuentos del Heptamerón. Sirva para recordar a su autora, Margarita de Navarra, una princesa humanista y hasta precursora de la causa feminista. Hagan, si les place, clic en el enlace. 

https://www.dropbox.com/home/Profesor%20Bigotini?preview=El+cl%C3%A9rigo+incestuoso.pdf

Nada hay más placentero que hablar con sencillez, tal como el corazón lo siente.