miércoles, 1 de abril de 2026

MAHOMA. VIDA Y MILAGROS

 


La Meca en vida de Mahoma era un enclave comercial habitado por mercaderes escépticos e impermeables a cualquier sentimiento religioso. La Kaaba era una especie de reclamo turístico que recibía visitas de muchos curiosos. Durante mucho tiempo, Mahoma contó con los únicos apoyos de su mujer Jadiya, su ahijado Alí, y Zaida, una esclava a la que había liberado. A este reducido grupo se añadió un cuarto adepto, Abu Bakr, un rico e influyente mercader quraishí. Su conversión fue un suceso sonado, y a su calor se arrimaron otros cinco adeptos notables que con Abu Bakr formaron el grupo de los seis compañeros, considerados primeros apóstoles y propagandistas del Islam. A pesar de la oposición de los quraishíes, Mahoma y sus compañeros comenzaron a predicar el nuevo credo entre los viajeros que acudían a la Kaaba.


El mensaje del Profeta, plagado de justicia y caridad, caló sobre todo entre los más pobres, y especialmente entre los esclavos después de que Abu Bakr empleara gran parte de sus riquezas en comprarlos para hacerlos libres. Aquello colmó la paciencia de los quraishíes. Mahoma y los suyos tuvieron que abandonar La Meca para salvar la vida. En su peregrinar, Mahoma siguió haciendo prosélitos e incomodando a las autoridades que planearon su asesinato. Entonces algunos vecinos de Yatrib le invitaron a viajar a su ciudad a predicar, y lo hicieron en el momento justo, pues se libró por poco de los sicarios. Corría el 16 de julio de 622. Fue el día de la fuga o Hégira, tan señalado en el calendario musulmán. Yatrib pasó a llamarse desde entonces Medina, la ciudad. El Profeta sufrió en ese tiempo las pérdidas de su tío Abu Talib, de su amigo Abu Bakr, y de su esposa Jadiya. Sus visiones se acentuaron entonces. Soñó que un caballo alado lo trasladaba al cielo desde Jerusalén, y tuvo otras premoniciones místicas.


Amplió su familia casándose con la viuda Sauda, de cuarenta años, y con Aisha, la hija de Abu Bakr, que tenía sólo siete. Fue añadiendo después otras mujeres, y construyendo casas para ellas, pues ya podía permitírselo por su posición. En Medina construyó la primera mezquita, en la que por primera vez lanzó el grito de ¡Alá es grande!, inauguró el rito de la oración y predicó su doctrina. Islam tiene el significado de paz o abandono, y musulmán es el que ha hecho la paz con Dios.

En ese punto, aunque el Profeta había ganado ya miles de adeptos, la mayor parte de la población de Arabia le era todavía hostil. Siguieron unos años de luchas violentas con diversas alternativas. Mahoma comenzó la contienda con unos pocos cientos de hombres, y la terminó con más de diez mil. En ocasiones se mostró pacífico, como cuando emprendió una peregrinación a La Meca con dos mil seguidores que dieron siete vueltas a la Kaaba y se postraron ante la Piedra Negra mientras gritaban: ¡No hay más Dios que Alá! Otras veces se comportó con crueldad, como cuando hizo asesinar a un poeta y una poetisa cuyos versos le habían hecho objeto de burla, o como cuando mandó degollar a seiscientos hebreos y vendió como esclavos a sus mujeres e hijos.


Alcanzó la victoria y el poder en La Meca cuando tenía setenta años. Sobrevivió sólo dos años más durante los que se mostró como un gobernante clemente. A sus muchas mujeres incorporó a su nuera Zaida, la viuda de su ahijado Alí. Su preferida entre todas fue la joven Aisha que recordó haberle escuchado decir que en el mundo sólo hay tres delicias: las bellas mujeres, los buenos olores y las plegarias santas. Fuera de los placeres carnales, el Profeta fue siempre un hombre sobrio y hasta frugal. Su dieta consistía en pan, dátiles, leche y miel. Dio gran importancia al cuidado personal, se rociaba con perfumes, se teñía el cabello y se pintaba los ojos con henna. Falleció el 7 de junio de 632. La muerte le sorprendió con la cabeza recostada en el fragante seno de la bella Aisha. Su herencia literaria fue el Corán, obra de carácter religioso y poético. Mahoma no dictó en vida ninguna ley. Las normas por las que se rigen los musulmanes se han ido deduciendo de la interpretación que de sus frases y su trayectoria biográfica han hecho sus seguidores.

En general prefiero la ciencia a la religión. Si en el desierto me dan a escoger entre Dios y el aire acondicionado, me quedo con el aire. Woody Allen.


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